Lista de deseos para el año que comienza

Rodrigo y Elvira esperan un futuro mejor

Rodrigo y Elvira esperan un futuro mejor

Nuestro territorio sigue salpicado de granjas ilegales cuyos animales, en condiciones extremas en numerosas ocasiones, sufren la indiferencia de las administraciones.

Ha comenzado ya un nuevo año. Dejamos atrás un 2018 complejo, en muchos sentidos.

Si nos centramos únicamente en los animales, y en el ámbito de la Comunidad Valenciana, el panorama es desolador.

Bous al carrer, tiro y arrastre y colombicultura, tres modalidades de maltrato animal institucionalizado, que campa por nuestros municipios a sus anchas, sigue siendo promovido y subvencionado por nuestras administraciones bajo la “todopoderosa” excusa de la tradición.

Si hablamos de tauromaquia, sólo la diputación de Valencia, destinó el triple de presupuesto a la Plaza de Toros que al Teatro Principal. Parece que la “cultura” de la tortura pública y legalizada de animales merece más apoyo institucional que las artes escénicas.

En cuanto a la caza, el último regalo que nos ha hecho la Generalitat es aprobar, por la puerta de atrás, en la ley de acompañamiento de los presupuestos, unas modificaciones a la ley que equipara el rigor científico de los centros de investigación o las universidades valencianas con el que puede tener la Federación de caza de la Comunidad Valenciana. Imagino, y esto lo escribo con la mayor de las ironías, que con la finalidad de que nuestros investigadores e investigadoras sientan que su talento es reconocido por las instituciones valencianas.

Nuestro territorio sigue salpicado de granjas ilegales cuyos animales, en condiciones extremas en numerosas ocasiones, sufren la indiferencia de las administraciones.

Por no hablar de los zoológicos y acuarios, esas grandes cárceles, muchas veces de barrotes y paredes invisibles, donde todos los prisioneros son inocentes, y cuyo cautiverio es explotado como reclamo turístico por nuestras instituciones.

Y si nos referimos a los animales considerados “de compañía”, la mayoría de los perros y gatos abandonados, que se cuentan por decenas de miles en la Comunitat, son ejecutados en centros privados de exterminio, por supuesto, pagados con nuestros impuestos, gracias a una ley del siglo pasado que parece todavía nos ensombrecerá durante un tiempo.

Así que el listado de anhelos para 2019 se prevé muy amplio.

Pero voy a resumirlo en tres grandes deseos.

El primero, responsabilidad y sobretodo, empatía para quienes nos gobiernan. Que sean capaces de ponerse en el lugar de los otros. Los que, aunque no tienen voz, tienen la misma capacidad de sentir y sufrir que las personas, con los que compartimos este planeta y que deberían tener garantizados sus derechos fundamentales a la vida, la libertad y a no ser torturados. Que ejerzan políticas efectivas que los protejan.

El segundo, que todas las personas que en su círculo de consideración incluyen a los animales, se posicionen abiertamente a su favor. Que sean conscientes de que quienes no tienen voz, necesitan que seamos la suya y que se escuche bien fuerte, para que dejen de sufrir. Y que no tengan miedo, porque quienes ejercen la violencia contra los animales, cada vez son menos, lo que ocurre es que sólo les queda el argumento de la intimidación, que casualmente, es otro recurso violento, como arma de resistencia ante el cambio que se les avecina, y que saben es inevitable.

Y por último, esperanza para todos, también para los animales.

Porque pese a la actual situación, quiénes creemos que los animales merecen respeto y dignidad, no dejamos de sembrar, y estoy segura que esas semillas, cuyas plántulas están ya germinando, muy pronto verán la luz.

Porque ya no hay vuelta atrás.

Porque somos un movimiento imparable.

 

*Coordinadora de PACMA provincia de Valencia

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