22 de noviembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

El juego sucio de Pedro Sánchez con Pablo Casado en su visita exprés a Cataluña

Es inadmisible que el candidato del PSOE censure al del PP en una visita a la Policía que los dos hicieron con acierto: a los agentes les falta afecto, no les sobran precisamente.



 

 

El mismo día en que Pedro Sánchez visitó la Jefatura de la Policía Nacional en Barcelona la Delegación del Gobierno prohibió la presencia de Pablo Casado, que había anunciado su presencia en Cataluña un día antes de que lo hiciera el candidato socialista, nuevamente a rebufo de las decisiones de su rival, como ya ocurriera con los incendios de Canarias o la gota fría en Baleares.

Más allá de que Sánchez tiene una controvertida tendencia a actuar con retraso y siempre con razones propagandísticas, como demuestran sus extenuantes despliegues cada vez que atiende con demora sus funciones más elementales, resulta infumable el agravio comparativo a menos de tres semanas de las Elecciones Generales.

Las mismas razones de operatividad que al parecer se han alegado para prohibirle la visita al presidente del PP son válidas para el secretario general del PSOE. Y, a la inversa, los mismos argumentos que se esgrimieron para aceptar la presencia de Sánchez, debieron validarse para que Casado hiciera lo propio.

 

Entre otras cosas porque a la Policía no le sobra el afecto de nadie, tras unos días terribles que han dejado 288 heridos en sus filas, y en ese sentido no sobraba ninguno y ojalá se sumen muchos más: si Pablo Iglesias tuviera a bien sumarse a mostrarle apoyo a los Cuerpos de Seguridad, nada debiera impedirlo. Aunque sea una quimera pensar en ello.

Sánchez ha hecho con Casado en Barcelona lo mismo que con RTVE o el CIS: apropiarse de todo

La prohibición a Casado, que amén de líder del primer partido de la oposición ostenta un cargo público de la máxima representación institucional como alternativa al presidente en ejercicio, es un escándalo indiciario de cómo malean Sánchez y el PSOE los procedimientos y las costumbres para adaptarlos sin pudor alguno a sus intereses partidistas.

Saber estar

Es el mismo tipo de comportamiento que ha desprestigiado hasta límites insoportables a RTVE o al CIS, trasnformados en herramientas sectarias al servicio de un partido que no disimula y considera legítimo apropiarse de instituciones que no pertenecen a unas siglas concretas pero se patrimonializan para que las atiendan sin pudor alguno.

A Sánchez no se le puede criticar por no haber ido a Cataluña y hacerlo cuando al fin lo ha hecho, por mucho que su presencia haya sido otra operación de marketing de dudosa eficacia, pero sí se debe hacerlo por el juego sucio que ha demostrado con el veto a Casado. Al que luego pide, como a Rivera de Ciudadanos, un respaldo ciego a todo lo que haga en un conflicto que, además de consensos, parecen necesitar de algo tan básico como saber estar.

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