18 de octubre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

PP, Cs y Vox tienen que entenderse antes del 10N: después ya es tarde

Las Elecciones ofrecen a PP, Cs y Vox la oportunidad que desaprovecharon el 28A, cuando regalaron el Senado y decenas de escaños al PSOE. No entenderse ahora sería inaceptable.

 

 

Las Elecciones Generales del 10N son, ante todo, un intento de Pedro Sánchez de mejorar sus propios resultados que se perpetra solo cinco meses después de que los españoles pasaran por las urnas. Es la segunda vez que se repiten comicios y, en los dos casos, el inductor ha sido el mismo; en diciembre de 2015 y en junio 2016 ocurrió lo mismo.

En aquel momento por la negativa del candidato socialista a aceptar el escrutinio de votos y negar lo que ahora él exigía: un desbloqueo de la investidura de Rajoy, que a diferencia de él no tenía apoyos de otros partidos salvo Ciudadanos y necesitaba la abstención socialista.

Saldadas las dos citas con fracasos históricos del PSOE, Sánchez recurrió a la moción de censura, sirviéndose de Podemos y del independentismo sin reparo alguno y pactando luego con Pablo Iglesias, nada menos, los Presupuestos Generales del Estado. Después disolvió las Cámaras, anticipó Elecciones, las ganó y ha estado medio año sin dialogar ni pactar en serio con nadie hasta llegar al momento actual.

Quien se niegue a alianzas previas, pues, tendrá menos credibilidad para pedir el voto y podrá ser percibido, no sin razón, como un aliado del mismo PSOE al que considera urgente desalojar

La secuencia descrita no es una ficción, sino un escrupuloso repaso del currículo de un dirigente que, en definitiva, no ha dado respiro a España desde 2015 y que, paradójicamente, no ha dejado de crecer electoralmente hasta el punto de negarse ahora a aplicar lo que hace nada convirtió en un mantra para, está claro, maquillar su asalto a La Moncloa con apenas 80 diputados: las alianzas, el diálogo y el parlamentarismo eran meras excusas para camuflar su acceso a la presidencia con 50 diputados menos que Rajoy.

Pero no hay que engañarse. El resultado hubiera sido otro de no coincidir dos fenómenos a la vez que, juntos, magnifican un resultado que a Rajoy, sin ir más lejos, le obligo a ir a las urnas. Uno es el hundimiento de Podemos. Y el otro, más relevante, la dispersión del voto de centroderecha en tres siglas, lo que inutilizó miles de votos y regaló escaños al PSOE que jamás hubiera logrado.

El Senado del 155

El caso del Senado es paradigmático: allí los socialistas tienen mayoría absoluta, a pesar de que el voto sumado de PP y Cs -sin necesidad incluso de Vox- la hubiera logrado sin problemas. Algo que pasó también con el reparto de escaños en veinte circunscripciones, entregadas a la izquierda por esa división del centro y la derecha.

Sánchez cuenta con que eso vuelva a ocurrir, pues es plenamente consciente de que en España siguen existiendo dos bloques ideológicos sólidos y de que, hasta mayo de 2018, el suyo estaba a cinco puntos del centroderecha. Por eso impuso la moción de censura y aprovechó la división para convertir luego un resultado modesto en una gran victoria.

El 10N ofrece a PP, Cs y Vox una oportunidad de corregir eso y de traducir mejor en escaños el respaldo que acumulan entre los tres. No tiene sentido anunciar alianzas poselectorales y negarse a aplicarlas antes de las urnas para evitar la pérdida de votos y el regalo de escaños decisivos al dirigente al que dicen querer relevar.

El centroderecha regaló el Senado y decenas de escaños al PSOE por su división. Ahora tiene ocasión de enmendar ese despropósito

Si esto es cierto, nada justificaría que PP y Cs, cuando menos, no acudan a las urnas de manera conjunta allá donde sea posible y tengan claro que así traducirán  mejor sus votos en papeletas: otra cosa equivale a ayudar a Sánchez a lograr una representación que nace más de la incapacidad de sus rivales para entenderse que del apoyo cierto que tiene.

Un indicio antes de votar

No parece que Cs ni Vox estén muy dispuestos a coger la mano tendida por el PP para trabar esa alianza, resumida en el concepto "España Suma", pero hay tiempo aún para invertir esa sensación y dar un paso que descolocaría por completo a Sánchez y les acercaría a ambos a la victoria electoral.

Y no tendría mucho sentido que los mismos líderes que presentan la salida de Sánchez como una necesidad vital de España se negaran, por razones internas de vuelo raso, a adoptar las fórmulas electorales más adecuadas para lograrlo. Quien se niegue a hacerlo, pues, tendrá menos credibilidad para pedir el voto y podrá ser percibido, no sin razón, como un aliado del mismo PSOE al que considera urgente desalojar.

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