20 de septiembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Provocando: Sánchez Dragó hace un retrato de los españoles bestial hasta para él

Sánchez Dragó presume de no haberse cogido vacaciones en los últimos 50 años.

Sánchez Dragó presume de no haberse cogido vacaciones en los últimos 50 años.

El columnista de "El Mundo" hace suyo el cliché de que los españoles son unos vagos y sólo piensan en vacaciones, puentes y fiestas. Y se pone como ejemplo porque lleva 50 años sin descansar

"Ya sé que muchos de ustedes, si leen esto, se ensañarán conmigo (...). Aunque yo, ajeno siempre al qué dirán, al qué escribirán y al qué escupirán, ni me enteraré".

No le falta razón a Fernando Sánchez Dragó en que el artículo que publica este sábado en El Mundo va a levantar ampollas, porque da por bueno uno de los sambenitos que llevan a cuestas los españoles: el de que somos un país de vagos.

A propósito de la polémica suscitada por la decisión de Cristina Cifuentes de no tomarse vacaciones por tercer agosto consecutivo, el columnista expresa su deseo de que todos los políticos fuesen como ella y escribe:

"El indígena español debería llamarse Homo festivus, porque se pasa la vida de fiesta en fiesta, de puente en puente, de vacación en vacación, de día de baja en día de baja, de bocadillo de media mañana en bocadillo de media tarde, de bar en bar, de caña en caña... Así nos va".

"La pereza era antes un pecado capital. Ahora es un derecho. Se censura, por aristofobia, a quien no lo ejerce. Así vamos", se lamenta. "Mala cosa es que los derechos deriven a obligaciones. Eso también tiene nombre. Se llama totalitarismo".

Y a renglón seguido pone estos ejemplos: "En Estados Unidos a nadie se le pasa por la cabeza tomarse un mes de asueto y tedioso far niente. Con quince días, como mucho, van que arden. En Japón, ni eso. En China, imaginen. Así les va. El paro, en esos países, apenas existe. Sus habitantes serán otras cosas, pero gandules y zánganos, desde luego, no son".

Según Sánchez Dragó, el puede hablar porque lleva medio siglo sin cogerse vacaciones, y además presume de ello: "Trabajo diez horas diarias trescientos sesenta y cinco días al año, y los bisiestos, uno más (...). Las vacaciones me aburren. Las vacaciones atentan contra la dignidad de mi vocación. Ahora las llaman desconectar. ¿Desconectar de qué? ¿De la vida? Ya desconectaré cuando esté muerto", concluye.

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