15 de enero de 2021
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Irene Montero, ¿lágrimas de cocodrilo?

Irene Montero y sus lágrimas

Irene Montero y sus lágrimas

Irene Montero llora por las mujeres en abstracto, pero no cuando son reconocibles: que se lo digan a las menores de Baleares, a Mariló Montero o a Teresa Rodríguez.

 

La violencia machista, los asesinatos de mujeres y el machismo en general son problemas lo suficientemente graves como para que no los frivolicen, y vivan de ellos, personajes como Irene Montero y las hiperventiladas con sueldo público que la rodean.

Ayer se echó a llorar al celebrar el día que recuerda y condena esa lacra, después de que su Ministerio de Igualdad dijera la burrada de que en España sufren violencia machista 11.6 millones de mujeres. Todos los informes serios demuestran que España es uno de los mejores países del mundo para nacer y desarrollarse como mujer. Todos.

Y decir eso no esconde el terrible fenómeno de los asesinatos machistas. Ni los mayores esfuerzos que ellas deben hacer dentro y fuera de casa. Y tampoco las mayores dificultades para promocionar que sin duda tienen. Queda mucho por hacer.

Y tenemos que hacerlo entre casi todos: solo sobran, quizá, las asalariadas de Montero y ella misma, capaces de creer que la heterosexualidad es machista o que un hombre debe ser penetrado para saber lo que es bueno: no es broma, es lo que sostuvo sin echarse a reír la actual directora del "Instituto de las Mujeres", el revolucionario nombre que ha concentrado sus energías en los últimos meses a cambio de una onerosa nómina.

 

Pero ninguna de las heridas pendientes se cierran con lloronas que criminalizan al hombre; que deforman la imagen de la mujer; que se arrogan la representación de todas; que las dicen qué tienen que pensar y decir para ser verdaderas mujeres… y que se comportan con ellas con ese paternalismo que dicen denunciar: un día se cargan a las azafatas de la Fórmula 1 como si todas fueran tontas; otras se inventan "cremalleras" que solo les sirven a ellas mismas.

Pero sobre todo no se logra con una ministra que llora como los cocodrilos. Que se cree que la Igualdad es encabezar un 8M en plena pandemia. O decir “portavozas”. O legislar para que un señor pueda ser una señora o al revés con ir cinco minutos al Registro Civil y decir que, donde pone Paco, le pongan Conchi.

Hable con Pablo, ministra

La igualdad, que es irrenunciable pero aún no es plena, no se consigue con una ministra que ve criminales y machirulos por todos los lados pero que, cuando tiene uno cerca con ganas de azotar a periodistas o de quedarse con el teléfono personal de asesoras… se calla como una puerta. Por no recordar el "despido" del partido de Teresa Rodríguez, en plena baja maternal.

En lugar de dar la brasa al respetable, como si hubiera un pecado de origen en los hombres y una necesidad eterna de que unas pocas alteradas salvéis a todas las mujeres, podía coger esta misma noche y leerle la cartilla al Marqués de Galapagar. Quizá él lo necesite más que nadie.

Mientras, ministra, una preguntita para terminar. ¿En el llanto iba incluidas las menores explotadas sexualmente en Baleares a las que Podemos ha abandonado?  ¿O ellas no son víctimas solo porque investigar los hechos afecta a un Gobierno de su partido? No responda, doña Irene, que todo el mundo tiene clara ya la respuesta.

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