13 de noviembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Dos ganchos de Rivera dejan a Iglesias noqueado en su terreno

El segundo asalto de su cara a cara con Évole se produjo en un debate histórico e inédito en la Universidad. Colas interminables, lleno absoluto, abucheos inesperados y máxima tensión.

Por si alguien pensaba todavía a estas alturas que la política no interesa a la juventud, este viernes de BlackFriday quedó demostrado, por si a alguien le quedaba alguna duda, que estas elecciones no serán como las demás. La precampaña más mediática de la historia de España, con más entrevistas, debates y participaciones en programas de entretenimiento todavía anotó una muestra más de innovación con un particular debate universitario organizado por la Asociación de Estudiantes Demos de la Carlos III de Madrid.

Un debate, inicialmente pensado para ser "a cuatro", pero que se quedó en cara a cara entre Albert Rivera y Pablo Iglesias ante la negativa de Mariano Rajoy y Pedro Sánchez de acudir al campus de Leganés, donde horas antes de comenzar cientos y cientos de estudiantes hacian interminables colas para acceder al salón de actos. Las fuerzas emergentes han demostrado que la política interesa a los jóvenes, a juzgar por las fotos que inundaban las redes sociales. El aforo de 1.100 personas de la sala se quedó corto para asistir a lo que se promocionó como el segundo asalto del duelo entre el líder de Ciudadanos y el de Podemos que tuvo su primer round en el Salvados de Jordi Évole en La Sexta.

Dos atriles vacíos y el periodista de Onda Cero Carlos Alsina como moderador. Los dos púgiles llegaron al ring entre aplausos entusiasmados de los más de 1.000 estudiantes allí reunidosy les devolvieron los aplausos. Ambos en mangas de camisa, blanca, remangada, con vaqueros, sin corbata... Eso sí, Rivera con la camisa por dentro de los pantalones e Iglesias por fuera. Entre abrazos, guiños, apretones y poses comenzó el histórico debate y antes de ponerse delante de los atriles ya pudo comprobar el líder de Podemos que no iba a ser tan fácil como pudo pensar por su pasado como profesor universitario. Al emitir vídeos previos de los cuatro políticos invitados: silencio con el primero de Iglesias, explosión de euforia con el de Rivera y grandes abucheos para Sánchez y Rajoy.

Alsina lo dejó claro al tomar la palabra y dio las gracias por un acontecimiento histórico: "El primer debate electoral en la Universidad Pública de la Historia de España". En tono jocoso y distendido adelantó que sin cronómetros intentaría ser justo y que los dos políticos no se extendieran demasiado amenazando con recurrir a la "técnica mariana". "Si se hacen fuertes recurriré a la colleja o doble colleja", bromeó despertando las risas del auditorio.

La cosa empezó amable y tranquila y los candidatos de Ciudadanos y Podemos a la Presidencia del Gobierno se erigieron como representantes de la "nueva política" y avisaron a PP y PSOE de que se juegan "la medalla de oro" y no la de "bronce". "El 2015 ha demostrado que la arrogancia no es la mejor consejera de la política. Creo que lo que se está jugando en ese debate es la medalla de oro porque la gente quiere cambio y sabe distinguir entre la vieja política y la nueva", afirmó Iglesias. "Lo que estamos viendo aquí seguramente puede ser el principio y el reflejo de esta etapa de cambio", celebró por su parte Rivera.

En los primeros compases, Rivera apostó más por el proyecto de Ciudadanos e Iglesias insistió más en el cambio que supone Podemos, hablando de la segunda transición y estableciendo las diferencias entre la nueva y la vieja política. El líder del partido morado se mostraba algo más nervioso y rígido frente a un líder naranja más relajado y que recurría menos a la lectura de sus papeles que su rival. 

Cuando estaban los dos enciscados en plan mitinero con sus programas electorales, Carlos Alsina decidió imprimir ritmo al cara a cara y propuso ir al debate de las medidas concretas. Al grano. Y ahí empezó lo bueno. Iglesias sacó a relucir el sueldo de presidente que propone Ciudadanos y Rivera le dio el primer zasca del debate entre la gran ovación del público: "Populismo conmigo no, Pablo. Yo con que el presidente del Gobierno gane lo que ganas tú como eurodiputado me conformo". Su oponente se defendió como pudo alegando que donaba parte de su sueldo y que devolvió 6.500 euros a lo que Rivera le cortó tajante "sí, para dárselos a La Tuerka". Iglesias le retó a que demostrara lo que decía y le apostó una cena a lo que Rivera remató con un "tu juegas al populismo y entonces el populismo se te vuelve en contra".

No fue el único cruce de acusaciones que protagonizaron los líderes de las dos formaciones emergentes. Ya durante el primer bloque, el de propuestas económicas, Rivera acusó a Iglesias de jugar al "populismo", mientras que el líder de la formación morada criticó al de Ciudadanos por "emplear técnicas de coaching' para evitar hacer "propuestas concretas".

En las redes se comenzaba a extender la opinión de que Rivera estaba más cómodo que Iglesias, con su clásico tono enfadado e incendiario de profesor de Políticas de sus primeros años como tertuliano. El lenguaje no verbal y corporal era evidente: ceño fruncido, brazos rígidos frente a un Rivera apoyado en el atril y preguntándole con guasa de dónde iba a sacar el dinero: "Yo no puedo prometer dinero en un país que tiene 1 billón de deuda y 7 millones de parados. Y tu no paras de hablar de gastar más", le decía Rivera. Muestra de que las cosas no le iban del todo bien al podemita es que en las redes sociales los seguidores de Podemos comenzaban a quejarse del árbitro.

Iglesias, no obstante, logró grandes ovaciones defendiendo la universidad pública y cargando contra las tasas: "Es una vergüenza que haya universitarios que dejan de serlo porque no pueden pagar las tasas". Además, anunció su intención de eliminar la educación concertada con la eliminación progresiva de los conciertos. 

A pesar de que su postura contra los bombardeos y la guerra le granjeó varios estallidos en aplausos, la postura de Podemos en torno al pacto antiyihadista todavía le supuso el segundo zasca del líder de Ciudadanos. Iglesias cargó contra la venta de armas de España a países como Arabia Saudí y acusó a Ciudadanos de hacerse una "foto de unidad muy bonita que no lleva a nada" pero Rivera le dio la vuelta a la tortilla: "Un pacto de Estado contra el terrorismo acabó con ETA. Queremos lo mismo, la unidad de todos, sin politiqueos, sin pancartas, sin electoralismos... Si pensamos que haciendo un Consejo de Paz se van a rendir los terroristas vamos mal" y ya que estaba se la lanzó envenenada a su rival: "El pacto que acabó con ETA no fue el pacto con Bildu", recordando los pactos de Podemos en Navarra con la formación vasca.

 

Del turno de preguntas de los universitarios presentes salieron algunos titulares más y alguna broma irónica. Como cuando un chico les pidió que preguntaran al ausente Pedro Sánchez en su próximo debate cómo es posible que le haga zumos de piña, kiwi y naranja a Bertín Osborne y no acuda a debatir a la universidad. 

Entre otras perlas, quedó claro que respecto a un posible rescate de Abengoa, Iglesias diría que sí, pero entonces "para los ciudadanos", y Rivera no es partidario. En cuanto a la religión en los colegios, el líder de Podemos se mostró contrario a la "catequesis en centros públicos" y el de Ciudadanos también, "en los públicos, religión no". También coincidieron en no confundir refugiados con terroristas. 

El momento más embarazosos de Rivera se produjo cuando un estudiante les pidió la recomendación de un libro de Filosofía. Iglesias estuvo rápido y le recomendó la Ética de la razón pura pero el político naranja se anduvo más por las ramas y se terminó liando: que si su pasado como abogado le lleva a recomendar a Kant, que siempre estuvo muy presente, que si era su referente, pero cuando Alsina le preguntó por un título concreto, no pudo salir airoso: "Bueno... yo no he leído un libro concreto de Kant... " y no pudo citar ningún título. 

Sea como fuere, un debate histórico, que arrasó en las redes sociales y marcó picos para recordar en streaming. 

 

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