28A, alguien se la va a pegar

Los valencianos tenemos una doble cita electoral en la que vamos a decidir el grado de libertad del que disfrutaremos en los próximos años.

Estamos a pocas horas de conocer nuestro futuro. De saber quién va a reclamar la financiación justa y todas las demás cosas que nos son de justicia, y quién va a tener que buscarse excusas si no nos las concede. Pero estamos también a pocas horas de saber si nuestra autonomía personal, la de cada uno de nosotros, se amplía o no.

El sueño de muchos es decidir todo por todos: la cuna del hospital, los itinerarios educativos, el color de las paredes de la oficina, el recorrido colectivo del transporte, el lenguaje prioritario, y los usos y costumbres. Y para conseguirlo están dispuestos a prohibir y regular lo que sea menester. De eso va en gran medida este trance electoral, de libertades, ésas que garantiza una Constitución cuyos enemigos han tomado partido. Sin haber mermado fuerzas a pesar de los tiempos convulsos que nos han hecho pasar.

Hemos vivido una extraña campaña. Con las autonómicas valencianas avanzadas y pegadas a las generales para que no se note, con unas encuestas convertidas en un elemento más de propaganda, con dos debates televisivos seguidos con 'visite nuestro bar' en medio, con el impredecible factor corrector del ausente, con las redes sociales suplantando a los medios de comunicación, con más voto oculto reconvertido en indeciso que nunca, con horas extra para los carteros y 'Tu Correos', con líderes que se saltan normas y convenios para transmitir sus mensajes, con un mercado de fichajes al mejor postor más parecido al de futbolistas al acabar la temporada que a las fundadas convicciones que antes cabía suponer a cualquier candidato.

Me pedían pronóstico el otro día en la tele. Contesté que los resultados de este domingo los vamos a explicar tan bien el lunes como acostumbran a hacer los economistas con las crisis una vez que éstas han tenido lugar, nunca antes. El factor sorpresa -brócoli le llaman- tengo para mí que va a serlo más de lo que se espera. Pero no es fácil adivinar hasta dónde llegarán las consecuencias de ello. Tengo también para mí que los hay que han vendido el pez antes de pescarlo y pueden acabar a dieta. Y que los periféricos de siempre, que tienen claro su aliado preferente, es muy posible que influyan como siempre en última instancia.

Lo que parece evidente, porque el espacio electoral no es infinito, es que alguna de las fuerzas políticas que están en boca de todos se la va a pegar. Esperemos que nosotros no. Por eso conviene recordar en esta hora que el voto es nuestra opción sobre la libertad para los próximos años.

 

 

 

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