23 de septiembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Canal de Isabel II destina más de 2 millones a luchar contra los vertidos

Cada madrileño arroja por el inodoro más de 4 kilos de residuos sólidos al año, una acción muy irresponsable que supone un grave problema ecológico y de gestión en la calidad del agua.

En 2017, Canal de Isabel II retiró de sus depuradoras 28.433 toneladas de residuos sólidos, lo que equivale a 4,4 kilos por madrileño. Hasta las 157 estaciones depuradoras de aguas residuales (EDAR) que Canal de Isabel II opera en la Comunidad de Madrid (cifra sorprendente si se compara con las 14 de potabilización o ETAP) llegan diariamente determinados productos que se tiran al inodoro, como toallitas, bastoncillos, artículos de higiene femenina o incluso el propio pelo, que no solo suponen un grave problema operativo y económico, sino que también pueden causar importantes daños medioambientales. 

El único dato positivo es que la cifra de residuos es un 12 % menor que en 2016, el año en que la compañía que gestiona el agua de todos los madrileños comenzó a hacer campañas para alertar de los riesgos concretos de las toallitas húmedas al ver que cada vez llegaban más a sus instalaciones. El número de toneladas recogidas, que aumentaba cada año, se ha contenido gracias a la concienciación que han conseguido transmitir a los ciudadanos, pero sigue siendo un problema a escala global. El 50 % de las emergencias que atienden los operadores de agua tienen que ver con atascos por toallitas y restos de productos de higiene.

La labor conjunta debe por tanto continuar, ya que estamos muy lejos de tener controlado un problema que nos afecta a todos tanto a nivel de salud como al bolsillo, pues se estima un coste de más de 100 millones de euros en el tratamiento anual de los residuos sólidos en nuestro país. Uno de los problemas al que nos enfrentamos es que a pesar de que en las etiquetas de muchos de los productos de higiene diaria que utilizamos se indique que son biodegradables, deben arrojarse al cubo de basura, ya que esa cualidad no significa que sean desechables por el W.C.

Concienciación desde la base 

El producto más extendido y que más preocupa son las toallitas húmedas, de las que tres cuartas partes son de uso infantil, así que la concienciación es fundamental. Los españoles usamos más 12.650 millones de toallitas al año, unos 5 paquetes de 60 unidades por persona, así que hablamos de unas proporciones “monstruosas”. Es por ello que la relevancia de cimentar desde edades tempranas principios tan básicos como es el respeto medioambiental, el rechazo al “usar y tirar” y la apuesta por la “r” de reducir, reciclar y reutilizar resulta clave.

 

En esta tarea Canal Educa, el programa educativo de Canal de Isabel II, es un gran aliado, pero los padres tienen una gran responsabilidad. A pesar de que se califican como “biodegradables” y aptas para eliminarse por el WC, las fibras plásticas que componen una toallita húmeda de calidad media, las más vendidas puesto que corresponden a las marcas blancas, tardarán meses en descomponerse, tiempo manifiestamente excesivo, ya que las aguas residuales tardan de media unas 6-8 horas desde una vivienda hasta la EDAR. 

Las toallitas causan problemas, para empezar, en las redes interiores de las viviendas. Posteriormente, en los colectores y redes de drenaje urbano, ya que se van enganchando a sus paredes y acumulándose, para luego desprenderse cuando llueve y aumenta el caudal de agua residual que circula por la red. Así pues, una vez llegan a la depuradora, pueden atascar las bombas y los sistemas de retirada en caso de avalancha, y provoca que la instalación tenga que parar. En un caso grave, supondría tener que verter las aguas residuales sin tratar al cauce del río. Así se ha visto este año en Valencia, donde unas acumulaciones de estos y otros residuos han creado un tapón de más de un kilómetro de largo y 1.000 toneladas de peso.

 

Residuos de lo más variado

Además de las toallitas húmedas, hay otros productos como el aceite o los restos de comida que no deben arrojarse por el inodoro, ya que se solidifican y pueden crear atascos al juntarse con las toallitas. Deben utilizarse contenedores específicos habilitados para el aceite, o bien tirarse a la basura.  Artículos de higiene femenina como compresas, salvaslip y tampones, preservativos, bastoncillos para los oídos, algodones y discos desmaquillantes, el hilo dental y hasta el pelo, contribuyen a formar estos tapones en las redes de saneamiento y todo debe ir a las papeleras.

De igual modo, hay que tener conciencia de que todos los residuos sólidos que tiramos en la calle pueden acabar en estas redes si llueve. Colillas, papeles, chicles… si van al suelo y posteriormente se baldea la calle o llueve, acabarán en la red de saneamiento y, en consecuencia, en las depuradoras. Por favor, la sostenibilidad es cosa de todos: suma con tu gesto y no olvides que cada residuo tiene su destino específico.

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