23 de marzo de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Borrell, degenerando

 

 

En una entrevista concedida a la BBC, el Ministro de Asuntos Exteriores del Gobierno del Reino de España ha declarado en relación a los golpistas encarcelados que “Yo personalmente hubiera preferido que el juez considerase otras medidas de precaución que no fuesen la prisión incondicional, pero hay que respetar su independencia”.

En pocas ocasiones se ha podido ver como en ésta tanto cinismo y falta de respeto condensados en tan pocas palabras. Falta de respeto porque supone un desvergonzado insulto a la inteligencia de los ciudadanos intentar hacerles creer que un ministro puede hablar a título personal fuera del retrete o de la partida de mus con los amigos, y más si se trata de una entrevista concedida a un medio de comunicación internacional y en medio de una de las mayores crisis políticas que haya conocido su país.

 

El ministro Borrell conocía perfectamente el valor de su declaración y, sobre todo, el exacto sentido en el que ésta iba a ser interpretada por la opinión pública internacional, los padrinos y mecenas independentistas de su Gobierno y los jueces: una oficiosa declaración del Gobierno de España de su disgusto con el encarcelamiento de los dirigentes separatistas y de su disposición a conseguir su liberación.

Cuestionando a Llarena

Y cinismo por atreverse a proclamar su respeto a la independencia del Poder Judicial en la misma frase en la que él, miembro del Ejecutivo, cuestiona sus decisiones.

 

 

En cuanto al fondo de sus palabras (a las que -cómo no- se han sumado la ministra de Política Territorial y el ministro de Fomento, por si hubiera alguna duda respecto a las intenciones del Gobierno), baste recordar que el juez Llarena adoptó la medida cautelar de privación de libertad porque los hechos de los que se acusaba a los imputados eran que estos, prevaliéndose del poder que les otorgaba el Estado, se habían apropiado de su comunidad y decidido unilateralmente su destino, declarándola separada del resto del país; y, además, enardeciendo a las masas e incitándolas a la violencia, habían provocado el cerco y el acoso a la policía y a la autoridad judicial para, finalmente, terminar huyendo algunos de ellos al extranjero, desde donde continúan con su operación golpista de mutilar la soberanía del pueblo español.

Borrell conocía el valor de su declaración y el exacto sentido en el que ésta iba a ser interpretada por la opinión pública internacional

Pese a todo esto, el propio ministro que representa a ese mismo pueblo ante el mundo declara públicamente que esa privación de libertad es, a su juicio, una medida precautoria excesiva.

La reconversión

El ministro Borrell no ha aclarado si su crítica se debe a que estima que no son graves los hechos imputados o a que considera inocentes a los imputados. En todo caso, yo no puedo por menos que recordar aquella mañana del 8 de octubre del año pasado en Barcelona, en la que escuché a Josep Borrell pronunciar uno de los discursos más conmovedores que jamás había oído en favor de la Constitución y la unidad de España.

¿Cómo es posible que aquel ciudadano, respetado y admirado por tantos, haya llegado a convertirse en este ministro del doctor Sánchez? En realidad, supongo que por la misma razón que dio Belmonte cuando le preguntaron cómo era posible que un banderillero de su cuadrilla hubiese llegado a convertirse en gobernador civil de Huelva: “Degenerando”.

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