¿Brexit sin salida?

Si de verdad quieren evitar un Brexit traumático que destrozará la economía británica, deberían tomar la decisión de volver a efectuar un referendum

En Reino Unido los terremotos políticos se suceden uno tras otro. Las expectativas no cumplidas, las decisiones pasionales y precipitadas, generan una incertidumbre en la ciudadanía que, esté a favor o en contra del Brexit, no ve claro a dónde les conduce este embrollo.

Dos posiciones contrapuestas surgen: empecinarse en mantener un discurso que ya no funciona, culpando a un tercero de todos los males del universo (o limitándose a manifestar, aunque la evidencia sea contraria, que fuera de la Unión vivirán mejor y recuperarán una soberanía con hálitos imperiales), o comenzar a desdecirse, pero sin acabar de asumir que llega un poco tarde.

Theresa May, que acaba de sobrevivir por los pelos a una moción de confianza y que intenta a la desesperada que los todavía socios europeos le concedan algún tipo de prebenda en un divorcio que, ya se les había advertido, iba a ser contencioso, encabeza a su pesar la primera postura . Posponer la votación del acuerdo alcanzado con la UE en el Parlamento británico, vistas las circunstancias, sólo supone un balón de oxígeno temporal, pero el fin se acerca inexorablemente.

La solución al caso británico se la ha puesto en bandeja el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, al interpretar que, del mismo modo que la salida de la UE sólo requiere el anuncio a los socios (y, por supuesto, negociar los términos de la salida), la marcha atrás no precisa más que del anuncio de la permanencia por parte del gobierno británico, sin que los Estados Miembros tengan ningún tipo de derecho de veto.

Así, si de verdad quieren evitar un Brexit traumático que destrozará la economía británica durante la próxima década, como poco, con lo que esto implicará para el empleo y el bienestar social de los británicos, deberían tomar la decisión de volver a efectuar un referendum. Se puede tropezar dos veces con la misma piedra, claro está, pero al menos si así fuera, sería con el apoyo más informado, aunque igual de errado, de sus ciudadanos; pero sospecho que ahora ganaría la permanencia.

Reino Unido, caso de continuar en una desesperada huida hacia delante, se encontrará en el peor de los escenarios posibles: económicamente débil, sometido a las reglas y aranceles de la OMC,con escaso margen para negociar tratados bilaterales en el ámbito internacional y con serio riesgo de comprometer su integridad territorial, toda vez que las provincias que comprenden el Ulster contarán con grandes incentivos para una eventual unificación con Irlanda.

La Unión comienza a estar cansada ya de estas idas y venidas de los negociadores británicos y, con buen criterio, no se muestran dispuestos a otorgar nuevas concesiones. Posiblemente no darían saltos de alegría ante un Brexit interruptus, pero como mínimo esto permitiría una vuelta al statu quo anterior al nefasto referendum de hace dos años, impulsado por un inconsciente y demasiado confiado David Cameron.

En España, por desgracia, no somos ajenos a procesos políticos de huida hacia delante, que comienzan a llevar tan lejos como para proponer modelos que implican conflicto armado abierto con muertos. En comparación, el caso británico es un juego de niños que puede resolverse sin mayores complicaciones.

¿Aprovecharán que todavía pueden dar marcha atrás o se empeñarán en llegar al final del callejón sin salida en que se encuentran?

*Politólogo y abogado.

Comenta esta noticia