18 de septiembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Hemos perdido la liga

Los principales baluartes de nuestro equipo dan muestras de no saber trabajar en equipo y llevan a España a un rotundo fracaso. Habrá nuevas elecciones.

Se veía venir. Se juega como se entrena y España lleva desde el 78 viviendo de las rentas, dejándolo todo a una suerte de personalismo e individualidades que han hecho que, llegados a una situación en la que había que trabajar en equipo, nadie, absolutamente nadie, ha sabido hacerlo. Definitivamente contamos con una panda de incompetentes, ególatras y machitos alfa que nada positivo hacen al bien colectivo. 

Mariano, jugador franquicia en el último ciclo, ha estado todo el partido desaparecido. Estaba en la pista, sí, pero huía del balón y, si éste le llegaba, lo soltaba pronto. No se le veía con ganas de anotar, pero tampoco de asistir. Es un cobarde, un bulto sospechoso, un pollo sin cabeza. Sin duda su tiempo ha terminado. Durante cuatro años todo el equipo dependía de él pero ahora bien se podría dedicar a otra cosa, lo que sea, pero que haga algo, que resucite. 

Poca gente confiaba en Pedro, ni siquiera él mismo, y se ha topado con mucha más responsabilidad de la que esperaba. Ha pasado lo obvio: el traje le ha venido grande y, a pesar de que ha sido el que más ha tirado a canasta, no ha metido ni una. Su porcentaje ha sido pésimo, pero es que es imposible meterla si unas veces tiras con la izquierda y otras con la derecha. Hacía tiempo que el seleccionador no convocaba a uno del Estudiantes; ahora entendemos por qué. Es de esos jugadores que tienen buena percha, hacen bien la rueda de calentamiento, pero a la hora de la verdad: marrón en el abanderado. 

Había gente con muchas esperanzas puestas en Pablo, joven promesa recién salido de la cantera. No es el típico jugador que solemos tener en la selección y, de primeras, chocó mucho verlo con la zamarra rojigualda. Es un jugador muy táctico, en exceso. Tanto que se cree que está por encima del resto de jugadores, del entrenador e incluso por encima del propio juego. Necesita una cura de humildad, dejar de pensar solo en sus estadísticas y empezar a aportar en el juego colectivo. Y con ese pelo no se puede jugar. 

Albert llevaba muchos años en divisiones inferiores. Se le nota curtido, pero esto es la élite y lo hemos visto patinar. Se ha metido alguna que otra canasta en propia y es intolerable que, a pesar de tener compañeros solos debajo de la canasta, se niegue a pasársela. Encomiable, eso sí, el esfuerzo en asistir a Mariano para que éste anotara; pases, todos ellos, que acabaron en la grada. 

Y en el baloncesto se sabe que cuando un balón no llega a su destino el culpable máximo es el pasador, no el que la tendría que recibir. 

Alberto se ha pasado todo el partido en el banquillo, agitando la toalla sin parar, pero el entrenador ni siquiera ha reparado en su presencia. Tiene que seguir entrenando. 

A día de hoy todos pensamos mandarlos a la hoguera y hacer una renovación a fondo, incluido el entrenador, del cual se ha visto que tiene una figura meramente de comparsa, sin capacidad de reacción; pero al final llegará la hora del partido y jugarán "mismos cabrones de siempre". 

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