07 de agosto de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Cinco gobiernos en uno: el gallinero que gestionará España con desconfianza

Sánchez va a tener que gestionar España, en un momento de dificultades, con la desconfianza de su socio y la intervención del independentismo. Difícil funcionar así.

 

 

 

Aunque formalmente España tendrá un único Gobierno, el diseño que ya se ha esbozado del mismo presenta hasta cinco gabinetes distintos, un síntoma de que el recelo entre los socios y la intervención externa de sus aliados está y estará presente en su compleja acción.

De un lado estará el Consejo de Ministros formal, encabezado por Pedro Sánchez y el gabinete más amplio de la democracia, sustentado más en la necesidad de cumplir con sus compromisos con Podemos que en mejorar la eficacia de la gestión. 

De otro estará el "Gobierno B" de Pablo Iglesias, compuesto por su propia vicepresidencia segunda y los cuatro ministerios que, salvo sorpresa de ultimísima hora, le han tocado en el reparto. Además estará el Gobierno en la sombra que Sánchez ya ha utilizado en La Moncloa, formado por sus principales asesores y "fontaneros" y concentrado en la gobernación real del país.

Va a ser casi imposible gobernar España con dos socios con recelo y una intervención externa del separatismo

Una comisión de hasta diez personas, del PSOE y Podemos, conformará el cuatro "Gabinete", sustentado en la desconfianza mutua aunque nominalmente dedicado a garantizar la sintonía del Ejecutivo formal y eliminar las aristas entre los dos partidos que lo impulsan.

 

Y finalmente, un quinto "Gobierno", el que desde fuera conforman los partidos independentistas que auparon a Sánchez en su investidura: no participan en las decisiones del Consejo de Ministros, pero nada podrá hacer éste sin su visto bueno ni sin pagar el delicado peaje.

Si la fragmentación del Parlamento apunta hacia una legislatura de tensión, enfrentamiento y dificultades extremas para alcanzar acuerdos; la triple confluencia de partidos en la acción gubernamental promete convertir la gestión de España, en un momento tan delicado, en un gallinero. ¿Se puede funcionar así? La respuesta es probablemente negativa, y no hará falta esperar los tradicionales cien días de gracia para comprobarlo.

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