22 de noviembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Sánchez utiliza el comodín de Franco para intentar tapar sus enormes fracasos

Transformar lo que debiera ser el último acto de reconciliación nacional en un acto de campaña electoral y propaganda a tres semanas del 10N lo dice todo de la altura política de Sánchez.



 

 

A tres semanas de las Elecciones Generales, hay que estar muy ciego o ser muy prosélito de Sánchez para no ver en la exhumación de Franco un impúdico acto de propaganda electoral. La fastuosidad dada al momento, con 22 cámaras de televisión grabando, señal wifi y el probable traslado de los restos en un helicóptero; termina por demostrar que el único objetivo del candidato socialista es concederse a sí mismo una de sus habituales campañas de autobombo.

Hasta Pablo Iglesias, firme partidario de la exhumación y de la reconversión del Valle de los Caídos, ha denunciado la operación publicitaria del líder del PSOE, que se sirve de un objetivo razonable, compartido y recogido en el dictamen del Comité de Sabios compuesto ya hace años por todos los partidos, para promocionarse a sí mismo rompiendo ese sano consenso.

La delicadeza que requieren este tipo de decisiones no obedece a complacencia alguna con la figura de Franco, sino al exigible cuidado que hay que poner en todo aquella que altere el fenomenal trabajo de reconciliación que hizo España en 1978 para tranformar el dolor previo en el combustible fraternal de la nueva democracia.

 

Alterar ese equilibrio modélico por la necesidad de desviar la atención sobre las verdaderas emergencias democráticas que sufre España, especialmente en Cataluña, es lamentable. Tanto como no cerrar las heridas pendientes que aquella etapa dejó en las generaciones subsiguientes. Los protagonistas lo entendieron; y sus sucesores tienen la obligación moral, ética e histórica de cuidar de ese legado.

Nadie ha hecho más por resucitar a Franco que Sánchez; y nadie ha hecho menos tampoco por culminar la conciliación entre españoles con una mínima altura

El Valle de los Caídos debe ser, para coronar el salto del 78, en un espacio de concordia y memoria desde la premisa de que los muertos ya no tienen bandos y de que su martirio es un testimonio de refuerzo de la democracia vigente, no un trampolín para atentar contra esa convivencia ni una excusa para no adentrarse en los espacios oscuros que aún procedan del pasado.

Nula altura

Precisamente por eso ningún presidente hizo por las bravas lo que Sánchez ha hecho a su manera, sustentándose en una decisión del Supremo que no podía ser de otra manera: una vez se le consulta, su fallo tenía que ser necesariamente a favor de los planes del Ejecutivo, pues lo que se enjuicia son sus potestades y no en qué las emplea en concreto.

Convertir en protagonista del presente a un personaje nacido en el siglo XIX mientras la crisis económica golpea y el conflicto en Cataluña no se detiene, resulta lamentable y definitorio de la calidad político del aspirante socialista. Nadie ha hecho más por resucitar a Franco que él; y nadie ha hecho menos tampoco por culminar la conciliación entre españoles con una mínima altura.

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