Lo que la OTAN aprendió en Cuba

Tras la “crisis de los misiles”, la Alianza redefinió sus procedimientos sobre cómo informar a la opinión pública en caso de conflicto armado. Estos documentos de 1963 se han desclasificado

 Un 22 de octubre de 1962, en un discurso de diecisiete minutos televisado a la nación, el presidente Kennedy denunciaba la presencia de misiles rusos en Cuba. Aquella crisis llevó al mundo al borde de una guerra mundial que se frenó “in extremis” con un pacto por el que los soviéticos retiraban sus lanzaderas de la isla a cambio del desmantelamiento de los misiles ´Júpiter´ que EEUU tenía desplegados en Turquía.

Tan cerca se estuvo de la guerra que, a principios de 1963, la OTAN decidió organizar varios grupos de trabajo de ´lecciones aprendidas en Cuba´ para ver cómo mejorar el planeamiento y desarrollo de posibles contiendas.

Uno de los grupos que realizó un estudio más en profundidad fue el de “Información Pública”. Aquella crisis se vivió casi en tiempo real y la opinión pública de todo el mundo –y sobre todo de los países OTAN donde había más libertad de prensa- quería saber al minuto qué estaba pasando.

 

De aquel análisis nació un plan secreto –desclasificado en 2015- y que se promulgó el 30 de abril de 1963: Requerimientos de ´Información Pública Militar OTAN´ en situaciones de emergencia.

En el documento se definen dos estados de alerta en cuanto a información pública. El primero se denominó ROMEO PAPA ECHO (en el que se decreta una censura a toda la prensa) y el segundo ROMEO PAPA CHARLIE (en el que las restricciones de información afectan sólo a la institución militar, sin limitar la prensa civil).

Estos dos niveles de censura serían difíciles de aplicar hoy en día, pero en los años 60 no era una quimera el poder limitar las acciones de información durante los conflictos armados, y de hecho, este documento prueba que ese era el plan.

 

Otro párrafo que me parece interesante es el que hace referencia al “principio básico de los jefes militares” en caso de conflicto. Y la regla es clara e inequívoca: el principio básico es el silencio. Con esta regla se quería atajar algunos problemas que se ocasionaban durante las declaraciones de generales de la OTAN a medios de comunicación.

Ocurría a menudo que cuando le colocaban el micrófono al jefe de una fuerza militar (en una operación o en maniobras) a veces éste tenía la tentación de contestar preguntas que se escapaban a su nivel. Los requerimientos que aprobó la OTAN zanjan este tema: ante preguntas de nivel estratégico, siempre se debe remitir a los órganos de dirección política de la Alianza.

La estrategia de comunicación aprobada aquel abril de 1963 hacía hincapié también en la necesaria coordinación entre los equipos de prensa de las naciones y los de OTAN. Esto, que se escribe de manera fácil, es complicadísimo de implementar.

Pongamos un ejemplo: un general británico está al mando de una fuerza OTAN durante unas maniobras en Alemania. Bien, resulta que la Oficina de Comunicación de la Alianza le pide que –en sus declaraciones- ponga énfasis en que un nuevo cañón de fabricación francesa se incorpora al arsenal aliado. Pero a la vez, desde el Ministerio de Industria de Reino Unido le sugieren –no olvidemos que hemos dicho que es británico- que no haga publicidad de un cañón que compite contra un modelo de fabricación inglesa.

Para acabar de complicarlo –siguiendo con el ejemplo- el gobernador de la región alemana donde ha desplegado esa fuerza militar tiene el apoyo de un partido ecologista, y desde su oficina de prensa le piden al general que no comente nada sobre la contaminación que producen los disparos de ese cañón...., aunque bueno, pensándolo bien, a los empresarios locales les encantará que la OTAN realice maniobras en su ciudad para incrementar la actividad económica…. pero con mucho cuidado de que los italianos no emitan una nota de prensa para recordar que sus cañones han sido probados con éxito y tienen mayor alcance….

Y así todo. Se entiende ahora la necesidad de coordinar los mensajes dentro de la Alianza Atlántica ¿verdad?

 

Y por último, esta estrategia de comunicación secreta finaliza con un anexo que lleva por título NATO Military Stop List y que podríamos traducir como “Lista (de la OTAN) de términos militares a evitar”.

 

La Alianza Atlántica define estos términos como aquellos que no pueden explicitarse en prensa, pero a la vez deben ser conocidos (por los mandos militares y sus oficinas de comunicación) a la hora de preparar las declaraciones, notas de prensa u otros productos de información pública.

 

El listado consta de cinco categorías: Aspectos Generales, Fuerzas Militares, Operaciones e Inteligencia, Telecomunicaciones y Material.

 

En “Aspectos Generales” lo que más me ha sorprendido es la importancia que se le da a no usar jamás –en prensa- información en el que la fuente sea un refugiado o prisionero de guerra. Tiene su lógica para mantener una alta credibilidad.

 

Sobre “Fuerzas Militares”, pues además de lo que indica el sentido común (no difundir el  número de los efectivos, la composición de las unidades…..) hay otro tema prohibido que no deja de tener su gracia: nada de comparar las unidades militares de los países aliados entre ellos. Hay que evitar los piques que luego traen problemas.

 

En relación a “Operaciones e Inteligencia” lo típico: evitar mencionar movimientos de tropas (propias o enemigas), el uso de radares, de agentes químicos o nucleares y las acciones de contrainteligencia. Como curiosidad, recuerda que las predicciones meteorológicas en operaciones se consideran información militar.

 

En cuanto a “Telecomunicaciones”, nada de difundir el estado de las redes de transmisiones civiles o militares. Además, los sistemas de captación de señales (guerra electrónica) y métodos de encriptado no deben aparecer jamás en prensa.

 

Y por último, el “Material”: armamento, estado de las carreteras, planes de reabastecimiento logístico, nombre de los buques…. Y otra cosa que también me ha sorprendido: se incluyen en esta categoría –como información militar- la producción agrícola, industrial y minera de los países.

 

Podemos afirmar, pues, que una de las consecuencias de la “crisis de los misiles de Cuba” fue la definición, por parte de la OTAN, de un listado (Stop List) de términos que los líderes militares deben conocer y dominar -a la hora de comunicar- pero que no pueden ni pronunciar. Un auténtico ejercicio de “gimnasia mental” para los generales de la Alianza.

 

Y para afrontar este reto con éxito, los líderes militares deberán practicar cómo enfrentarse a las cámaras. Dentro de su programa de instrucción y formación continua, los generales tendrán que aprender a ser buenos comunicadores.

 

Aquella crisis comenzó en 1962 con la retransmisión del discurso de Kennedy y acabó con un cambio profundo de la información pública durante las operaciones militares: desde entonces la frecuencia de la señal de televisión tiene la misma importancia que la frecuencia que activa el lanzamiento de una batería de misiles.

 

La TV mata menos gente, pero puede ganar más guerras.

*Experto en Seguridad y Geoestrategia.

 

 

 

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