23 de agosto de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Casado y Rivera para librar a España del nacionalpopulismo de Sánchez

 

 

Con toda la razón de su parte, el presidente del PP, Pablo Casado, acusó en el Congreso a Pedro Sánchez de ser cómplice, beneficiario e instigador de un Golpe de Estado en Cataluña.  Es sin duda una frase muy dura e inusual, pero en ningún caso excesiva ni equivocada: refleja la realidad de un presidente que, efectivamente, lo es sin el respaldo de los ciudadanos en las urnas y gracias al respaldo, nada desinteresado, de quienes han pisoteado la Constitución y aspiran a destrozar la convivencia en España.

La sociedad no se puede no debe acostumbrar a que gobierne España un presidente sin votos con unos socios que persiguen la destrucción de la Constitución o acosan a la Casa Real

En una línea similar se pronunció Albert Rivera desde Ciudadanos, al referirse a Sánchez como un dirigente "sin escrúpulos" y capaz de cualquier cosa para alcanzar o mantenerse en el poder. Se trata nuevamente de una acusación muy grave, pero perfectamente adecuada a los hechos.

Porque el líder del PSOE, aunque le moleste escucharlo y sus apéndices mediáticos lo silencien, se comprometió en reiteradas ocasiones a no pactar nunca con el "populismo", al que consideraba peligroso; y era partidario hasta dos semanas antes de la moción de censura de endurecer el delito de rebelión para frenar al golpismo independentista.

A peor cada día

Y ni Podemos ha moderado su discurso -al contrario, ha añadido a su repertorio una persecución incesante a la Corona-ni el soberanismo ha variado de intenciones: el único que ha cambiado es el secretario general del PSOE, y no lo ha hecho por el interés de España, sino por el suyo personal de lograr de cualquier manera lo que las urnas le negaron por dos veces en apenas seis meses.

 

 

La trivialización de ese enorme despropósito y la normalización de esa infausta alianza es una manera de terminar por legitimarlas, y al fin han entendido PP y Cs que, más allá de grandes ideas elaboradas, lo más relevante es no aceptar la asimilación de una indecencia que ni toda la propaganda gubernamental puede enmendar.

Contra la convivencia

La sociedad no se puede no debe acostumbrar a que gobierne España un presidente sin votos con unos socios que persiguen la destrucción de la Constitución, denigran la Transición, acosan a la Casa Real y, en definitiva, discuten la esencia del Estado de Derecho que más y mejor ha procurado el progreso colectivo de los españoles en toda su historia.

Casado y Rivera gobernarán España: la otra opción es que lo sigan haciendo Sánchez, Iglesias, Junqueras, Puigdemont y hasta Otegi

La manera de asaltar el poder y las compañías de las que ha servido, requieren por parte de la oposición un discurso claro y casi único que impida el blanqueamiento, por costumbre, de un proceso que comienza con la investidura de un presidente al margen de las urnas, prosigue con su negativa a consultarle a los ciudadanos e incluye el paulatino hundimiento del andamiaje institucional que le ha dado a España su mayor periodo de estabilidad y de paz.

Tanto Casado como Rivera han entendido que ese inmenso peligro no se puede desmontar sin aludir a su premisa ilegítima, y que no se podrá enmendar si no se concentran todas las energías en un único punto: devolverle a los ciudadanos la decisión, con unas Elecciones Generales que siempre fueron urgentes y hoy son sencillamente imprescindibles.

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