20 de julio de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

No vale todo



 

 

Doctor tramposo o presidente subterfugios. Son denominaciones que le vienen al pelo a Pedro Sánchez ante las circunstancias de su doctorado universitario y la “triquiñuela” que ha empleado buscando saltarse el Senado para la aprobación del techo de gasto.

Es decir, un político que no le da demasiada importancia a cómo se consiguen las cosas con tal de conseguirlas. El fin justifica los medios, que decía Maquiavelo. A cualquier precio. Por cierto, no es nueva esta forma de comportarse del presidente del Gobierno. Su propia carrera está embarrada por episodios que graban una ambición que, si bien casi siempre se considera sana para la política, asusta por desmedida. El “todo vale” para lograr los objetivos soñados. 

Sánchez condujo a sus compañeros a aceptar sin rechistar ir de la mano de populistas, independentistas e incluso de los hijos filoetarras

Tampoco es nueva su propensión a moldear la realidad hasta hacerla coincidir con su interés personal. Fíjense si no en cómo fue cincelando el “viejo PSOE” para lograr que cruzase esa “línea roja infranqueable” que suponía para  sus barones pactar con quienes desean romper España.

Los barones tragan

Pacientemente, unas veces; aceleradamente, las más, Sánchez condujo a sus compañeros a aceptar sin rechistar ir de la mano de populistas, independentistas e incluso de los hijos filoetarras de Bildu para sacar adelante la moción de censura que le llevó a La Moncloa.

 

 

Poco le importó verse forzado para ello a inventar una “nueva verdad”, ciertamente con la colaboración inestimable de muchos otros, para “vender” a los españoles que se tomaba la decisión por una “urgencia democrática”  forzosa: sacar a Mariano Rajoy de la Presidencia y arrebatarle el poder a un PP “corrupto” que había perdido la legitimidad, pese a que solo un año antes había sido, de largo, el partido más votado en las elecciones generales. 

La debilidad

Este nuevo paso de Pedro Sánchez de acabar con los imprescindibles contrapesos democráticos, arrumbando el veto del Senado y generando un peligrosísimo precedente, muestra que estamos ante un presidente capaz de todo. Peligroso. Que, para aferrarse al cargo, disfraza su debilidad parlamentaria con truco, sin importarle las formas, en democracia tan importantes a veces como el fondo.

Más aún en alguien que no ha llegado al cargo con el respaldo de las urnas en elecciones, sino por un pacto de partidos heterogéneos y rebotados del interés general de los españoles. Es un clamor. Urgen elecciones generales ya. 

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