Ahora que Pipo se ha ido

Todos tenemos una historia de amor que te encoge el alma. Recordaros que la vida es a veces más intensa y maravillosa que cualquier película de amor. Seguid viviendo.

Todos tenemos una historia de amor que te encoge el alma. Unas veces era un amigo común de los dos el que la propiciaba, otras veces una coincidencia del destino y alguna que otra serendipia también ha unido vidas que nunca los amantes pudieron antes imaginar.
La vida es una búsqueda constante, de eso no me cabe ninguna duda. Y Tinder un océano gigante en el que encontrar historias que merecen la pena surcar. Y así es cómo Victoria conoció a Pipo, el hermano de su perro al que tanto lloró, del que se tuvo que despedir sin haberle dicho adiós.
Mateo murió como el protagonista de una metáfora, llevándose con él todo lo que unió. Su partida fue un punto de inflexión en una vida, en una relación, en el futuro de tres en el que quedaron dos y de los que nunca más se supo llegado el momento.
Con el peso en el alma que te produce la vida cuando se reorganiza, cuando te indica el cambio de neumáticos, ya sea por el tipo de sendero o por la temperatura del alma, cualquier futuro se contempla impensable desde el lugar donde el pasado sigue tejiendo aquella camisa que aprieta con su lazada al cuello.
Y así es cómo Victoria conoció a Moncho -el amo de Pipo-. Un cuento perruno que acabó en historia de amor. Una aventura loca que extendió una red de casualidades hasta viajar en el tiempo al día de una década pasada en el que ambos dos se encontraron, por separado, con sus cachorros en casa del padre de su cuñada, del señor Ferry -seguro que os suena-.
Ellos, los amos, nunca se habían visto antes, tampoco los que entonces eran sus compañeros sentimentales, pero la vida tenía un plan para su segunda parte.
Tinder había hecho todo lo demás. Una foto de Pipo hizo saltar todas las alarmas del corazón de Victoria. Detrás de ese perfil, de unos vinos, de una piel curtida y una sonrisa blanca como el alma de Mateo, había un pedazo de una vida pasada que le volvía para recordar que no somos más que un capricho del destino.
Y volvieron a ser 3: Pipo, Moncho y Victoria. Por poco tiempo, pero fueron.
Ahora que Pipo se ha ido, ahora que hace apenas unos días se ha encontrado con Mateo en el cielo de los perros, quería aprovechar para recordarle a Victoria, que quien te sobrevive te perpetra y que tu vínculo con Moncho es, de alguna manera, la unión de dos puntos que cierran un círculo más en los anillos vuestra existencia.
Lameos las heridas el uno al otro como lo hicieron vuestros fieles compañeros y acompañaros en la vida como os enseñaron vuestros fieles perros, hasta donde quiera que llegue el camino que ahora juntos andáis.
A los que no sois Victoria ni Moncho recordaros que la vida es a veces más intensa y maravillosa que cualquier película de amor. Seguid viviendo.

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