Falta de humanidad en el Mediterráneo

"No se trata sólo de que la Unión Europea encuentre algún sistema de reparto proporcional de los inmigrantes, sino actuar también en los países de origen de la emigración".



Dejando aparte cuestiones que ya no causan más que hastío entre sus protagonistas y los ciudadanos, que observan con una mezcla de perplejidad y vergüenza ajena el desarrollo del Brexit o, en el caso español, la incapacidad para formar un gobierno que, previsiblemente, nos conducirá a nuevas elecciones generales, nos encontramos ante un verano trágico.

Por enésima vez en el Mediterráneo se viven situaciones dramáticas, en que cientos de personas que huyen de sus respectivos países de origen buscando una vida mejor, son rescatadas al borde de la muerte... o perecen en el mar sin que nadie sepa jamás de su existencia. España conoce bien esta estampa, pues la ha sufrido de primera mano durante años.

Con la Primavera Árabe y la caída del régimen libio, que había mantenido unido con puño de hierro un heterogéneo conjunto de clanes y tribus, unido al avispero sirio y la permeabilidad de fronteras del norte de África y Oriente Medio, han aparecido nuevos caminos y destinos a la inmigración irregular, controlados por traficantes de personas sin escrúpulos. Uno de estos destinos es Italia.

Italia tampoco es un país neófito en la recepción masiva de inmigrantes, especialmente recordamos la avalancha de albaneses. Lo que ha cambiado es la actitud del gobierno italiano, más específicamente la actitud chulesca y con ausencia de la más elemental humanidad por parte de su ministro del interior, Matteo Salvini, que ha acabado forzando la dimisión del propio primer ministro, Giuseppe Conte, y desencadenado una seria crisis de gobierno.

Salvini ha adoptado desde el principio un tono muy duro en relación al Open Arms y otros barcos que realizan la misma labor de salvamento de inmigrantes, calificándoles literalmente de delincuentes. Este discurso ha calado hondo en su electorado, que le apoya sin fisuras y aumenta. Por fortuna, la justicia italiana sigue siendo independiente y la fiscalía italiana, ante la situación insostenible dentro de la nave, ha ordenado el desembarco de los inmigrantes en Lampedusa.

La respuesta española ha sido tardía y debida únicamente a lo mediático del caso, como cuando, poco después de prosperar la moción de censura contra Rajoy, para "marcar distancia" respecto a su predecesor, acogió la llegada del Aquarius a bombo y platillo, para no volver a repetir (hasta hoy) dicha acción en casos idénticos.

Sin embargo, sigue sin estar claro cual será el futuro de estos inmigrantes y, sobre todo, que pasará ante nuevos Aquarius y Open Arms. El principal problema es la falta de unidad y de búsqueda de acciones y respuestas comunes al desafío migratorio. No se trata sólo de que la Unión Europea encuentre algún sistema de reparto proporcional de los inmigrantes, sino actuar también en los países de origen de la emigración y en los países desde donde dan el salto de modo irregular a la Tierra Prometida.

¿Complicado? Sí ¿Con un alto coste? Seguro. Sin embargo, no se puede continuar dando respuesta individuales, desiguales y sin continuidad ante un fenómeno que no va a desaparecer. Esto no es algo que se pueda barrer debajo de una alfombra y es necesario afrontarlo con valor y visión a largo plazo.

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