¿Qué celebramos el 8 de marzo?

La ministra de Igualdad, Irene Montero

La ministra de Igualdad, Irene Montero

Cuando uno escucha eslóganes autollamados feministas, no sabe si el 8 de marzo es en realidad el día de la mujer socialista, del odio al hombre o de justificar el sueldo de Irene Montero

 

La pregunta de este artículo parece obvia. El Día de la Mujer dirá usted. Pero viendo el uso que desde hace años, y cada vez más, se hace del 8 de marzo, yo ya no tengo la respuesta tan clara. Empecemos por el principio: el 8 de marzo nació hace décadas como ‘día de la mujer trabajadora’ para reivindicar el acceso de la mujer al mercado laboral en una época en la que la mayoría de las mujeres se dedicaba a ‘sus labores’, como entonces se decía a las amas de casa.

Una vez la presencia de mujeres estuvo más que aceptada en la mayoría de profesiones, el 8 de marzo pasó a ser simplemente el Día Internacional de la Mujer, y la causa del acceso al trabajo fue sustituida por causas de igualdad y de reivindicación del papel de la mujer en todos los ámbitos.

Hasta aquí nada que objetar. Pero cuando uno lee determinados manifiestos o escucha algunos eslóganes autollamados feministas, no sabe si el 8 de marzo es en realidad el día de la mujer socialista, del odio al hombre o de justificar el salario a Irene Montero y su troupe.

Al 8 de marzo le ha pasado como a muchas otras causas y celebraciones de España: se ha apoderado de ella determinados colectivos muy radicalizados e ideologizados que provocan la expulsión, la indiferencia o el rechazo de la mayoría de la población.

Este 8 de marzo, como en los últimos años, la mayoría de las mujeres españolas no participará en ninguna manifestación. Y no lo hará no porque no crea que hombres y mujeres seamos iguales y debamos tener los mismos derechos y obligaciones, sino porque no están dispuestas a participar en un circo que vende que si no eres una mujer de izquierda, no eres buena mujer.

La verbalización de todo este pensamiento que se ha apoderado del Día de la Mujer fue la famosa clase sobre feminismo que se dio en la academia de Operación Triunfo. Una chica de la que no se le conoce mayor currículum ni trabajo que el de ‘activista de’ explicaba con todo lujo de detalles que las feministas sólo pueden ser socialistas y marxistas.

Que una mujer liberal no tiene derecho a considerarse feminista o defender los derechos de sus congéneres, e incluso arengaba a los alumnos (perdón, a lxs alumnxs como manda escribir la nueva religión progre mientras destroza siglos de historia de lengua española) en contra de las mujeres empresarias o que han alcanzado el éxito en su profesión, tachándolas de explotadoras y malas mujeres. O se es de izquierdas o no se es bienvenida a la defensa de la mujer.

 

Y mientras soltaba semejante discurso cargado de odio y manipulaciones de primero de preescolar (basta con repasar en los libros de historia lo que opinaban los socialistas españoles sobre el voto femenino para desnudar la indigencia intelectual de este discurso), los chavales asentían sin rechistar ni argumentar, cosa que provoca también preocupación: como las nuevas generaciones de jóvenes no se atreven a disentir de este discurso autoritario que marcan los lobbys paniaguados que ahora cobija a costa del dinero público Irene Montero en su ministerio millenial por miedo a ser tratados de machistas o retrógrados.

 

Porque esa es la única fuerza argumentativa que tienen, tachar de extrema derecha y franquista a quien ose contradecirles en un mundo en el que todos queremos parecer correctos y no ser expulsados del contexto social, aunque en nuestros interior pensemos que muchas cosas de las que dicen dan vergüenza ajena.

 

Hace años, siendo adolescente, me crucé con la manifestación del Día de la Mujer en Valencia donde uno de los cánticos coreados era “dónde están no se ven, las mujeres del PP”, dejando palmario que al menos la mitad de las mujeres españolas no merecían participar de ese día porque para repartir carnets de buena feminista ya están los lobbys de izquierda.

 

Los años pasan, pero la cosa ha ido a más, y volverá a ser el 8 de marzo y no sabré que es lo que se está celebrando, si una ‘huelga feminista’ (cualquier excusa es perfecta para no trabajar), una performance de ‘el violador eres tú’ tachando a todos los hombres, a jueces o policías de violentos contra la mujer, una manifestación contra el capitalismo o vete a saber qué. E intentarán ir mujeres que no comulgan con esto y serán insultadas y expulsadas por aquellas que se dicen la voz de la tolerancia y el respeto, como vimos en el orgullo gay con los dirigentes de Ciudadanos.

 

Ojalá llegue un 8 de marzo en el que todos (y todas, todes y todxs, no se me enfaden las progres) podamos participar con normalidad de este día, donde dejemos la política a un lado y haya un manifiesto que podamos firmar y no que excluya a más de la mitad de las mujeres y de la población por no ser de una determinada ideología.

Ojalá un 8 de marzo pueda ir un señor que vote a Vox al lado de una chica que vote a Podemos defendiendo que hombres y mujeres somos iguales en derechos. Tan sólo eso simplemente. Punto.

 

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