24 de noviembre de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

La España de las cacerolas tiene razón, pero debe protestar sin saltarse normas

Sánchez se merece manifestaciones masivas, pero la salud colectiva está por encima: mientras se levantan las restricciones, las protestas han de hacerse en los balcones.

 

 

Nada le viene mejor al Gobierno de España que poder caricaturizar la indignación, el desasosiego y la sensación de abuso que tiene con toda la razón una parte muy significativa de la sociedad por la hecatombe, sin paliativos, que padecemos.

Muertos, enfermos, asustados, despedidos, arruinados, confinados y deprimidos se acumulan en un país que aún no se había recuperado de la crisis de 2008 y ya padece otra, magnificada por la imprevisión y las negligencias de la coalición de PSOE y Podemos.

Y con la certeza de que no todos los países están sufriendo igual. Los datos son elocuentes: España, con el 0.6% de la población del mundo, registra casi el 10% de las víctimas mortales. Y multiplica por nueve la destrucción de empleo del resto de Europa o casi por dos el hundimiento del PIB. Y además, restricciones de libertades básicas, bulos y mentiras oficiales y una sonrojante deriva autoritaria que, de no estar en Europa como freno, se diría que nos lleva a Latinoamérica.

 

 

Son tantas, tan objetivas y tan demostrables las razones para protestar ante Pedro Sánchez, que hacerlo de cualquier manera, solo le ayuda. Invadir las calles, saltarse la cuarentena, provocar a la Policía, ignorar la distancia social con una cacerola en la mano solo sirve para que el Gobierno, que tenga fácil la respuesta: aquí solo protestan los más sectarios.

Y cabe recordar que está prohibido por el Tribunal Constitucional, que también ha puesto temporalmente por encima la prevención sanitaria al ejercicio de derechos como el de la protesta, sin menoscabo de que ésta se desarrolle desde los domicilios personales, pero en público, en respeto al confinamiento y las garantías de terceros.

¿Chivo expiatorio?

Quien quiera de verdad poner en un aprieto al Gobierno, que comience por respetar las normas, a la espera de que sean menos restrictivas a muy corto plazo. Que saque la cacerola al balcón y la bandera con crespón, pero que se ciña a eso. Salvo que quieran hacer el papel de involuntario aliado de Sánchez.

¿O acaso creen que de repetirse estas manifestaciones no sabrá encontrar en ellas un chivo expiatorio para próximos contagios, por ejemplo? En los balcones desmonta las campañas de autobombo y falsedades del Gobierno. En la calle, le da oxígeno.

Comenta esta noticia
Update CMP