25 de septiembre de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

La resaca en Podemos: el fracaso del sustituto de Echenique señala a Iglesias

Pablo Iglesias junto a su téorico número dos en la estructura de Podemos.

Pablo Iglesias junto a su téorico número dos en la estructura de Podemos.

Alberto Rodríguez relevó al ahora portavoz en el Congreso con el mandato del líder de "reforzar" los territorios. Ha fracasado. Y algunos dicen que, en realidad, está dedicado a otra cosa.

El pasado viernes, en la reunión del Consejo de Coordinación Estatal de Podemos, no se oyó crítica alguna de los barones sobre el derrumbe total del partido en los territorios. Pero, según fuentes de una de las delegaciones asistentes a la cita para analizar los resultados de las elecciones en Galicia y el País Vasco, no hubo tampoco un exhaustivo informe de gestión, más allá de la intervención -exenta de cualquier autocrítica- de Pablo Iglesias.

Pero uno de los responsables del desastre del 12-J es el gran tapado del vicepresidente, su (en teoría) número dos en la estructura dirigente del partido morado. Se trata de su secretario de Organización, Alberto Rodríguez. A Rodríguez lo colocó Iglesias en el cargo en junio del pasado año tras cesar a Pablo Echenique del puesto. Y presentó el relevo en la necesidad de "reactivar los círculos" y "reforzar los territorios".

Entonces, Iglesias improvisó para Echenique una nueva misión: la Comisión de Seguimiento de Pactos de Gobierno, que estaba destinada a liderar las negociaciones en el ámbito nacional, local y autonómico. La salida de Echenique de la Secretaria de Organización, cargo que ostentaba desde que fuera nombrado en abril de 2016, llegó después de que la formación se hubiera dejado 900.000 votos en las elecciones municipales y autonómicas de 2019.

 

 

Estos días, algunos dirigentes se han vuelto a mirar a Rodríguez y su papel de supuesto dinamizador de Podemos en las regiones. Y de responsable teórico de su maquinaria electoral. Fuentes del partido en el País Vasco consultadas por ESdiario reconocen el "nulo papel" del secretario de Organización en los últimos meses.

Sí, por contra, admiten su papel de fontanero en la guerra sucia que Pablo Iglesias lanzó contra el exsecretario general de los morados vascos al que acabó imponiendo la candidata fracasada este 12-J, Miren Gorrotxategui, y el descabezamiento de la dirección del partido que tan buenos resultados logró en las anteriores autonómicas de 2016.

Muchos dirigentes territoriales coinciden en que el nombramiento de Rodríguez como secretario de Organización estuvo en realidad diseñado para imponer la férrea disciplina del líder y acallar a los últimos críticos, más allá de una verdadera apuesta por reforzar y dar autonomía a las direcciones de los partidos en las comunidades autónomas.

Y algunos señalan a lo que verdaderamente ha estado dedicado Alberto Rodríguez en estos últimos meses: intentar apagar el incendio interno provocado por la purga del responsable de los servicios jurídicos del partido; el abogado José María Calvente. Calvente fue fulminado en diciembre y mantiene una guerra en los tribunales contra la cúpula de Podemos.

Y Rodríguez lleva muchas semanas centrado en presionar al letrado cesado exigiéndole que devuelva documentación sensible -presuntos sobresueldos incluidos- que se habría llevado tras su cese. Tras ello, según algunos dirigentes, planean las cloacas de Iglesias y el caso Dina.

 

 

 

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