23 de septiembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Y lo que parecía un marrón, para ellos fue un orgullo

La "otra" España también brilla.

La "otra" España también brilla.

Lo que para muchos era casi un problema político y nos resultaba poco menos que una vergüenza internacional, para los jugadores era simplemente hacer su trabajo. Los hemos infravalorado.

Escribimos muchas líneas y debatimos muchos minutos sobre el marrón en el que se habían convertido estas novedosas ventanas FIBA, imprescindibles para clasificarse para el próximo mundial de baloncesto. Sigo pensando y creo que la mayoría estaremos de acuerdo en que la situación ha sido dantesca y que lo sigue siendo a pesar de todo. Y también sigo pensando que al final la patata caliente (o el marrón, si queremos seguir con la misma cantinela) ha sido para los jugadores.

Pero resulta que al final lo que para muchos era casi un problema político y nos resultaba poco menos que una vergüenza internacional, para los jugadores era simplemente hacer su trabajo. Y cuando Sergio Scariolo finalmente llamó a estos doce jugadores, pasado el shock inicial, se arremangaron, se pusieron a entrenar e hicieron una cosa que se nos da de puta madre en este país: jugar al baloncesto

Creo que la mayoría de los que opinamos sobre este tema en general y sobre estos jugadores en particular cometimos el error de infravalorarlos en demasía. Es evidente que no son nuestros mejores jugadores. Ni siquiera son nuestros segundos mejores jugadores. Ellos lo saben, no es ninguna ofensa reconocerlo. Pero aún así los infravaloramos, Scariolo incluido, que sabedor de que esto iba a suceder hizo unas declaraciones al final del último Eurobasket nada halagüeñas. Y también creo que Scariolo y Garbajosa lanzaron a los leones a los jugadores cuando de primeras publicaron una primera lista de veinticuatro donde estaban incluidos los de Euroliga a pesar de que todos sabíamos que no iba a terminar yendo ninguno. Han utilizado a los jugadores para intentar ganar una guerra que sí que era política, y eso ha sido feo.

El tema es que cuando el balón ha empezado a volar todo eso ha quedado atrás, y unos jugadores que jamás habían entrenado juntos y que entre todos sumaban bastantes menos internacionalidades que, por ejemplo, Ricky Rubio, que tiene veintisiete años, se han topado con la situación de que tenían que clasificar a la mejor selección europea de los últimos veinte años para el próximo mundial.

¿Y qué? Somos España. Somos la puta España de baloncesto. En el Olimpo de nuestro deporte solo Yugoslavia, la URSS y Estados Unidos están por encima de nosotros a lo largo de toda la historia. Nuestra mejor versión con nuestros mejores jugadores es la mejor selección del siglo XXI sin contar a los que son de otra galaxia. Y nuestra tercera mejor versión va a hacer lo que tenga que hacer para clasificar a su país para el Mundial.

Gloria y honor para estos tíos. Este equipo merece desde ya una gran hueco en nuestro corazón. La profesionalidad que han demostrado estos días y la actitud con la que han afrontado la situación ha sido absolutamente ejemplar. Oye, clasificad al equipo para el Mundial. ¿Pero luego jugaremos nosotros el mundial? No. Pues no pasa nada, somos soldados de este deporte. A ganar. Y ganaron.

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