Del infierno a la muerte

Hay infinitas cuestiones cotidianas que no nos planteamos. Una de ellas es el origen de aquello que cubre nuestros platos y llena nuestros estómagos

 

Y de todos los aspectos que podemos plantearnos al respecto, hay uno que es desconocido por prácticamente la mayoría de la población y que, al menos a quienes he tenido la ocasión de planteárselo personalmente, les provoca repulsa, independientemente de su dieta.

Me refiero al transporte de animales vivos.

Para los animales que son considerados de granja, el transporte es un proceso que genera un gran estrés. Para ellos es antinatural. Supone ser trasladados hacinados, sin apenas espacio para poder moverse y mucho menos descansar, expuestos a las inclemencias meteorológicas y sin acceso al agua ni la comida.

Seguro que has visto camiones que trasladan cerdos, vacas, ovejas, pollos, conejos,…es muy probable que esos animales se dirijan al matadero.

Es probable que sea ese momento el único en que vean la luz del sol.

Y es probable también que el viento roce su cuerpo por primera y última vez.

Y lo hará mientras están aterrorizados, con el miedo que supone lo desconocido y la certera sensación de que algo no va bien.

Para algunos de estos animales el trayecto se convierte en un suplicio de varias horas que terminará en un matadero relativamente cercano. Sin embargo, billones de animales son transportados por todo el mundo en terribles condiciones, durante semanas, antes de llegar a una muerte segura.

Como las grandes cifras son en ocasiones difíciles de asimilar, imagina la superficie del término municipal de Valencia, inluyendo sus pedanías, y la de los 12 municipios que continúan hacia el sur, formando la comarca de L’Horta Sud. Imagina toda esta extensión libre de edificios, vehículos, parques,…completamente vacía.

Imagina ahora que esa superficie se llena de vacas, cerdos, ovejas y pollos, dispuestos sin dejar espacio entre ellos.

Pues bien, todos esos animales son los que cada día, sí, cada día, son transportados por toda Europa y hacia países terceros en terribles condiciones que se prolongan de media entre 30 y 70 horas.

Europa aprobó en 2005 una regulación, de obligado cumplimiento para los estados miembros, que obliga a la protección de los animales durante el transporte. Sin embargo, una investigación reciente de la europarlamentaria del partido animalista Holandés, Anja Hazekamp, certificó que estas condiciones no se cumplen en los propios países europeos, tal como distintas organizaciones de protección animal vienen denunciando durante años. A esto hay que añadir la absoluta falta de interés de las autoridades por inspeccionar y velar por el cumplimiento de la ley.

Así que, si en Europa, que cuenta con la mejor legislación de protección animal del mundo, el sufrimiento de los animales parece que importa bien poco, ¿qué pasa con los animales que, una vez traspasan nuestras fronteras, pierden cualquier  tipo de protección?

Más de 3 millones de animales son transportados fuera de Europa cada año, hacinados en camiones y barcos. Durante ese infierno, los animales pasan hambre, sed, soportan temperaturas extremas, sin posibilidad de moverse ni descansar, sobre sus propios excrementos, con ambientes insalubres que les provoca enfermedades, ceguera,…incluso roturas de huesos y todo tipo de heridas.

Se transportan todo tipo de animales, incluso bebés de pocos días, que deberían permanecer felizmente junto a sus madres, o hembras preñadas, que al calvario del viaje, deben añadir abortos, partos anticipados, o ver cómo sus hijos nacen ya muertos.

Porque no debemos nunca olvidar que, a este sufrimiento físico, que supone este infierno previo a la muerte, hay que sumar un terrible sufrimiento psicológico.

Hay imágenes y sonidos que se han instalado en mi cerebro y sé que nunca se podrán borrar. Una de ellas, la de una vaca preñada, en un barco, con un corte que cruzaba todo su abdomen y por el que salía su bebe.

No consigo entender que todavía hoy se esté exigiendo en  el Parlamento Europeo que se vele por el cumplimiento de la ley, la prohibición de exportar animales vivos a países terceros y limitar el tiempo de transporte en Europa. Desgraciadamente, todavía estamos así.

No obstante, esas terribles imágenes de la vaca en el barco, cuyo dolor sólo puedo imaginar y que muchas noches me roban el sueño, son el impulso para seguir trabajando por visibilizar y poner fin a injusticias tan tremendas como ésta.

Porque no todo vale si alguien sufre.

 

*Coordinadora provincial de PACMA en Valencia.

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