Obituario. Juan Antonio García Solera: Tan grande y tan cerca

El arquitecto Juan Antonio García Solera, referente del desarrollo la provincia de Alicante y autor de edificios emblemáticos como el Auditorio de Alicante, falleció este fin de semana.

En Ahmedabad, a muchos kilómetros de Alicante, visitando al Pritzker indio B. Doshi, conozco la siempre triste noticia de la pérdida de un referente. No hace tanto que me ocupaba también en ESdiario de la despedida de César Pelli … “Ahora estamos más solos” he whatssapeado de inmediato a su hijo Javier.

Le conocí vistiendo pantalón corto (yo, naturalmente; ignoro si el maestro alicantino se permitió alguna vez tal veleidad) de la mano de mi padre que era amigo suyo, decidido a emprender mi temprana vocación de arquitecto, abandonando la tradición familiar de letrados, cuando mi padre ejerciera de responsable de la extinta Obra Sindical del Hogar y Arquitectura, raro organismo vinculado al sindicato vertical, protagonista de muchas y acertadas soluciones de vivienda social durante la dictadura.

No tengo hoy a mano mi colección completa de Hogar y Arquitectura, la revista mensual que difundía sus conjuntos de vivienda. Ni tampoco las sesenta y  seis láminas del facsímil del Vignola –Reglas de los Cinco Órdenes de Arquitectura- que me regaló y conservo como oro en paño.
Pero –tan grande y tan cerca- también conservo intacta la emoción de aquel primer encuentro y el entusiasmo y la seguridad que supo transmitirme en lo que él llamó “magnífica noticia”. Mi padre se quedó tranquilo, admitió la quiebra de la trayectoria familiar y yo empecé a dibujar –con torpeza- aquellos cinco órdenes que llegué a conocer de memoria cuando, por fin, años después me matriculé en la recién fundada (Román Jiménez) Escuela de la valenciana plaza de Galicia.

Para entonces ya eran sus formidables proyectos de edificios residenciales en altura: Virgen del Socorro, Urbanización el Parque, Vistahermosa y las Torres de la Albufereta. Racionales, decididos, bien construidos, elegantes … fruto de un conocimiento profundo de la historia de la arquitectura y de una sensibilidad medioambiental que se plasma en su capacidad de integración en el lugar y en esos interesantes espacios intermedios, siempre presentes en su obra, que hoy llamamos de transición y valoramos tanto.

Más allá de su reconocida admiración por Alvar Aalto, de la posible influencia de su condiscípulo Javier Carvajal (que murió en cierto abandono en 2013, aunque siempre arropado por Alberto Campo Baeza), de la acertada inclusión en la segunda generación de arquitectos modernos durante el
franquismo que Carlos Flores atribuyó, y recogió Justo Oliva en la Revista VIA del Colegio de Arquitectos, de su compartido interés por materiales y productos innovadores con colegas de la talla de José Antonio Coderch, nuestro arquitecto (Alicante 1924) ha sido repetidamente llamado –y con justicia- “padre de la arquitectura moderna alicantina”.

Y así lo reconocía el Colegio en 1996 otorgándole su mas alta distinción: Mestre de l'arquitectura.
Se me ha quedado en el tintero la oportunidad de realizar un ciclo, como lo hice en la ETSAV, sobre maestros de la arquitectura en la construcción del Alicante moderno … Sin duda le correspondía iniciarlo. Lo hablé con él, pero el maestro –tan grande y tan cerca- era ajeno al oropel y al ruido, porque le quitaba tiempo para estudiar y trabajar.
Beviá y Varela destacan la importancia de su nunca ejecutado Plan General para su ciudad, impidiendo el “crecimiento tentacular” con su idea de crecimiento paralelo al mar, proponiendo intervenciones en la ciudad construida y reivindicando la conservación de la huerta. Una espinita en su brillante trayectoria le confesó a Martín Sanz

Ya había terminado yo la carrera cuando llegaron obras espléndidas a las que él quitaba siempre importancia. El Hogar Provincial de Orgegia, el Colegio de  Médicos, la Escuela Nacional de Policía en Ávila y el más que reconocido y tantas veces publicado Auditorio del Paseo de Campoamor.

Le “chinchaba” en ocasiones, diciendo que su obra superaba a la de su hijo Javier (de casta le viene al galgo) pero nunca lo consintió. ¿Amor de padre? … Amor de maestro.

La Universidad de Alicante le distinguió con su XIV Premio Maisonnave en 2015 (el único arquitecto, que yo sepa) y me hubiera gustado tanto que no se extinguiera tan pronto el Jaume I de Urbanismo, Paisaje y Sostenibilidad (el Jaume I de arquitectura) porque Juan Antonio García Solera era más que firme candidato.

También el Palacio de Convenciones ha quedado pendiente, salpicado de tribulaciones y atrapado en disputas ajenas -ciegas más bien- a la valía del mismo. Anidado en el Alicante soñado, sirva hoy este íntimo, profundo, y modesto recuerdo como postrer homenaje a su egregia figura.

(*) José María Lozano Velasco es catedrático de arquitectura en la UPV y presidente de la
Comisión de las Ciencias del CVC

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