11 de diciembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

El centroderecha recupera terreno frente a un Pedro Sánchez que espera su ayuda

El líder del PSOE se lleva su primer gran susto con el avance de PP, Cs y Vox en los ayuntamientos. Los tres partidos deben aprender a convivir sin pensar en las críticas.

 

 

Un simple vistazo al mapa político que ilustra este Editorial permite visualizar el reparto entre el centroderecha y la izquierda de las capitales de provincia españolas, con las excepciones nacionalistas consabidas en el País Vasco y Cataluña.

Incluso puede afirmarse una cierta ventaja del bloque encabezado por el PP, por el carácter simbólico poderoso que tiene Madrid, valioso siempre pero especialmente en un contexto de aparente éxito de Pedro Sánchez tras las Generales.

Que el reparto de alcaldías, y pronto de presidencias regionales, se esté haciendo sin conocerse exactamente cómo pretende Sánchez lograr su investidura, compone un extraño contexto que no es el mejor, obviamente, para que cada partido adopte las decisiones más convenientes para el conjunto del país.

La posibilidad de que Ciudadanos acabe por prestar su respaldo pasivo al líder socialista, más aireada por éste y alimentada por su aparato de propaganda que deseada por Albert Rivera, termina de perfilar un cuadro general de cierta inestabilidad que, de la manera que sea, urge cerrar.

El desbloqueo... ahora

La tensión que viene sufriendo la sociedad desde 2015, cuando Sánchez inició un camino de bloqueo y asalto a La Moncloa que no ha parado hasta lograrlo legítimamente en las urnas, resulta ya agotadora y es sin duda incompatible con la atención sensata de los desafíos económicos, territoriales y de toda índole que tiene España sobre la mesa.

PP, Cs y Vox han de aprender a convivir: hagan lo que hagan, a dos o a tres, les van a llamar radicales

Por eso Sánchez debe mover ficha ya, sin esperar a que nadie le brinde un apoyo pasivo por sus apelaciones a un desbloqueo que, si ahora es malo, también lo fue cuando él mismo lo incentivó en 2015, hasta el punto de obligar a los ciudadanos a pasar dos veces por las urnas en apenas seis meses, en unas Elecciones Generales repetidas por el capricho y la ambición de quien pide a todos comprensión y ayuda gratis.

No pidan perdón

En ese escenario, en el que Sánchez lo mismo pacta con Podemos y el nacionalismo que se sirve de Macron para atraer a Ciudadanos al menos para la investidura, el avance de PP, Cs y Vox en el ámbito municipal es una buena noticia, pues genera un cierto contrapeso local y regional al cesarismo del presidente en funciones, más sustentado en la fragmentación del resto que en las fuerzas propias, que no pasan de los 123 escaños.

Y precisamente por eso, la alianza inestable de PP, Cs y Vox no debe caer en el error de justificarse, sino en el acierto de desarrollarse, consciente de que todas las zancadillas que le pongan obedecen exclusivamente al deseo de romperla para dejarle a Sánchez el terreno expedito en general.

No puede ser que los mismos partidos que se entienden con formaciones defensoras de la ruptura constitucional se permitan estigmatizar acuerdos razonables de PP y Cs con Vox, ahora utilizado como excusa de esa campaña casi endémica que acaba presentando a la derecha con un caricatura radical en cualquiera de sus acepciones: con Vox y sin Vox, la caricatura será la misma. Mejor ignorarla, pues.

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