14 de noviembre de 2019 | DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT
  • Saúl Ortiz

    El Coso Rosa

    Repaso con agilidad torera los embistes de diestro y siniestro sin que me tiemble el estoque, con el que me enfrento a los morlacos bravos y a los mansos. Me gustan las tardes de gloria, aunque a veces la vuelta al ruedo sea, más bien, una desvergüenza. Entraré siempre a matar aunque antes me deba persignar.

Rocío Carrasco recurre a su mejor arma ante su ruptura familiar

Me cuentan que aunque no quiere airear las causas del distanciamiento con su hija hay mucho más detrás de lo que se cuenta y que sólo tiene una dirección. Pero la cosa va a cambiar...

Rocío Carrasco se revuelve en silencio ante el nubarrón periodístico que se ha cernido sobre ella. Todo son dedos acusadores que señalan sus aparentes resbalones ante un dudoso escrutinio familiar. Se rebelan en su contra ante su impasibilidad mediática sin importarles qué hay de verdad en todo lo que se cuenta, ni los verdaderos motivos de las ausencias denunciadas. Rocío no suele contestar a su teléfono móvil ni tampoco responde con facilidad mensajes de texto para confirmar informaciones relacionadas con sus ajetreos familiares.

Opta por dejar que el tiempo actúe con la misma (in) misericordia con la que también ha sido tratada en tiempos difíciles. Sin embargo, me cuentan que aunque no quiere airear las causas del distanciamiento con su hija, sufre y llora con la misma pesadumbre que se le debería presuponer. Le escuecen las portadas de las revistas tachándola de madre ausente y despreocupada.

Quizás por eso debería dar un paso al frente, humanizarse, dejar sangrar la herida, romper el muro separador de su Torreón y confesarse descangallá ante los medios. Ganaría la partida si lograra despojarse de su hermetismo claustrofóbico, de su altanería innecesaria que, por improvisada y antinatural, le perjudica en exceso. Quienes la conocemos, sabemos que tras la imagen hierática, casi impermutable, se esconde una mujer de sensibilidad extraordinaria que tiene el corazón repleto de remaches y costuras. Mostrarlas con natural resignación inclinaría la balanza, en ocasiones descompensada.

El silencio descompasado de Rocío se interpreta como agilidad en los tribunales. Estudia nuevos envites judiciales contra quien ose catalogarle como la madre que no es. No aceptará informaciones inexactas o no contrastadas que expliquen las causas de su ruptura filial.

Me cuentan que Rocío está convencida de que, cuando amaine el temporal, la verdad se hará carne y se evidenciarán, así, los motivos de tanto pesar. Espero que no se enquisten los sentimientos y las desavenencias de hoy sean los cimientos de una próspera relación con sus hijos. Apuesto a que tanto Antonio David Flores como Rocío Carrasco son capaces de remar hacia el buen entendimiento. Deberían estudiar Kabbalah, quizás entenderían tanto tropiezo desmedido.

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