27 de junio de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

La violencia contra Vox, Cs y PP con la complicidad de PSOE, RTVE y Podemos

 

 

En apenas unos días de campaña, toda España ha podido presenciar episodios de violencia, coacción y presión contra el PP, Ciudadanos o Vox, procedentes de los mismos círculos ideológicos y sus aledaños que, tras el pacto de los tres partidos en Andalucía, activaron una bochornosa "alerta antifascista" que ahora se esgrime como justificación de esos brotes.

Desde Cayetana Álvarez de Toledo hasta Santiago Abascal o Albert Rivera, todos han padecido una inadmisible presión que simboliza la que, en el día a día, padecen sus seguidores en lugares como Cataluña y el País Vasco: una estigmatización desde las propias instituciones, con el silencio cómplice de no pocos partidos, que alcanza su clímax en momentos electores con violencia desatada.

Epidemia violenta

Lo es la sufrida por Álvarez de Toledo por acudir a dar un mitin a la Universidad de Barcelona. Lo es la padecida por Abascal en San Sebastián o Bilbao, coronada por una desinfección impulsada por la abertzale Sortu. Y lo es la soportada por Rivera, con Maite Pagaza y Fernando Savater presentes, en las calles de Rentería.

La violencia es un problema, pero es peor la complicidad o el silencio de Podemos, de Sánchez o de RTVE

La alianza de antisistema, radicales e independentistas explica que los receptores sean siempre los mismos, víctimas de una doble persecución personal e ideológica impropia de un Estado de Derecho en el que todos deben defender sus ideas en las mismas condiciones y con idénticas garantías.

Pero la indiferencia de los rivales de todos ellos es aún más sangrante y constituye un tipo de complicidad intolerable que les hace corresponsables: desde luego a Podemos, que activó esa alarma "antifascista" a las pocas horas de llegar PP y Cs a la Junta de Andalucía. Y desde luego el PSOE, cuyo candidato no se cansa de alertar, cada día, sobre el peligro de una supuesta "ultraderecha" que en España no existe.

Los fascistas son ellos

Recibir a palos, gritos e insultos a representantes de tres partidos perfectamente constitucionales y desde luego democráticos no puede consentirse, y normalizarlo supone un riesgo potencial de persecución para ellos y sus seguidores que hay que parar con urgencia. Y eso será imposible si, por ejemplo, RTVE informa de todos estos altercados en unos términos repugnantes: no son "antifascistas" enfrentándose a la "extrema derecha"; sino fascistas atacando a demócratas.

 

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