Tienda de campaña. El reggae de las líneas rojas

Esta sucia campaña -guarra, me corregía días atrás uno de mis amigos- me está resultando pesada y eterna. Cayetana incluida.

Me consta que a Isabel Bonig no se le caerán los anillos que no suele exhibir, por asistir a un concierto de reggae. Otra cosa es que su potencial socio de gobierno pretenda influir en sus gustos musicales. Como también sé de buena tinta –azul- que doctor Sánchez (tan de Killers) se toma a risa las líneas rojas de su presunta negociación permanente con los separatistas y filoetarras. “Para rojo yo”, recita en la intimidad, mientras en los mítines abunda en la idea de las dos Españas de tan tristes consecuencias en el pasado, en estúpida y maligna oposición a una inexistente España en blanco y negro, más allá de su delirio.

Enfrascados –más ellos, los elegibles, que nosotros los electores- en el culebrón de los debates y las encuestas, no deja de ser curioso que los medios de izquierda alerten sobre la posibilidad cierta de gobiernos de derechas, y los de derecha –no sé si cobarde o simplemente taimada- acerca de más que un posible gobierno frankestein.

Sea como fuere, esta sucia campaña -guarra, me corregía días atrás uno de mis amigos- me está resultando pesada y eterna. Cayetana incluida. (Alguien debiera decirle que abusa atusando su hermosa cabellera).

La autonómica es menos agresiva afortunadamente, aunque no falten episodios críticos como el de Ontinyent, en el que Puig ha dicho que nanai del peluquín a quien fuera probable delfín no hace mucho. Poderoso caballero …

El ministrable de Compromís ha sentenciado “sueño con tener el poder de influencia del PNV para condicionar gobiernos” (sic). Poniendo negro sobre blanco una realidad como la copa de los pinos de Moncloa -¿o son cipreses?- entre los que pasearon Rita y Rajoy en aquellos tiempos ahora olvidados. (O Torra y Sánchez recientemente, a preferencia del lector).

No se ha cortado nuestro catalanista particular al resumir en frase tan corta todo el programa real de su formación. Su legítimo -y hasta probable- sueño puede ser una auténtica pesadilla para los valencianos en su conjunto. Confiemos en las habituales bromas de Morfeo.

Más sobre el trasvase Tajo-Segura (Cantó cree poder blindarlo) y sobre la sanidad concertada (“irreversibilidad de la reversión” de Denia sostiene el president en funcions, como si de una cábala se tratara). También sobre los toros y la caza (Vox se suma al pacto cinegético de Isabel) y los famosos barracones escolares.

Lo más llamativo son las promesas de los que llevan cuatro años -menos unos días- gobernando, como si estuvieran permanentemente instalados en un futuro galáctico (el cielo que iban a asaltar algunos) y la cruda realidad fuera sólo un juego, de tronos, para ellos. Repetidas promesas incumplidas, como las de un amante infiel (hombre o mujer).

María Muñoz, nueva en las listas de Cs, expresa con claridad su deseo de pacto a la andaluza (insisten a los peperos más desconfiados que aún creen posible un acuerdo con el PSOE de los de Rivera), mientras cree que, en la Comunitat, se están sentando las bases del separatismo con el mantra dels països. Que pregunten a Lizondo hijo -ahora en la lista de Catalá- si es nueva esa matraca. O a los Climent (tanto da Eliseu como Rafael).

Para no abusar de mis anfitriones, dejo para el jueves el debate de anoche y la segunda vuelta de hoy. Que intuyo de reggaeton, esté o no entre las aficiones musicales de Isabel Bonig.

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