15 de diciembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

La espeluznante premonición y el plan que Pablo Iglesias ejecutó contra Barberá

Rita Barberá, en una imagen de hace meses.

Rita Barberá, en una imagen de hace meses.

Lo dijo el líder de Podemos: "No vamos a dejar títere con cabeza de esa Transición corrupta". El odio ya está aquí. Y los de Podemos se han empleado a fondo en la destrucción de la senadora.

“Han instalado el odio y el miedo; nos han ganado los malos”. Esta era la sentencia en  la que el jueves coincidían tres muy conocidos miembros de la Fundación para la Transición Española, espantados, como casi todo el mundo de bien en España por la muerte de Rita Barberá. Uno de ellos, exministro, y el más atrevido, afirmaba por su cuenta muy alterado: “Ya tenemos un muerto, esperemos que el próximo lo sea también por muerte natural”.

El cronista, petrificado aún por el alcance de esta sugestiva premonición, se queda sin  embargo con la primera frase: han instalado el miedo y el odio. ¿Quiénes? Con toda claridad los soviéticos de Podemos, los Iglesias, Errejón, Monedero y demás ralea miserable de este país aterido de pavor. La sociedad española baila al son fúnebre que tocan estos pervertidos morales que amenazan, se ríen de los buenos y hasta se orinan en las tumbas de los difuntos.

Han ganado o, si queremos ser cautos, van ganando por ahora. Los pusilánimes de la España cobarde ya no tendrán por un tiempo que levantarse de la mesa en cualquier restaurante cuando llegue, como llegaba, Rita Barberá. No querían una foto con ella y la repudiaban como un leproso de la Edad Media. La España cobarde, envidiosa, ha dado paso a la España hipócrita. El jueves cuando los portavoces de Ciudadanos, incluido su almendrado jefe de filas, Albert Rivera, se compungía ante los micrófonos de mil radios y televisiones, personalmente recordaba aquel ejercicio de presión sin límites con que el susodicho sometió al PP de Rajoy cuando éste intentaba un acuerdo con los naranjitos: "Si el PP, decía Rivera, quiere que Ciudadanos se comprometa a una nueva investidura va a tener que hacer dimitir a Rita Barberá” y añadía en otro momento: “Yo no voy a defender a esa señora como lo hacen Rajoy y Cospedal”.

Otro militante, supongo que el locuaz Girauta, lanzó por entonces más leña al fuego: “Nos avergonzamos de que Barberá conserve su escaño”. Eso, hace dos meses; ahora compunción y casi lágrimas. Impresionante documento. Rafael Hernando, con el gesto torcido de un novio engañado, ha dicho. “Algunos (se refería a Ciudadanos) nos amenazaron con que no formaríamos Gobierno si Rita Barberá seguía siendo senadora”. Ciudadanos se ha sumado al miedo trágico a Podemos y ya se niega incluso a reflexionar sobre el tratamiento legal de la corrupción, sobre hasta dónde nos ha llevado esta querencia volcánica, barrenera, a depurar a todo el que aparezca en los medios como reo de escabrosa basura.

Ni siquiera el ahora juez Conde Pumpido ha podido encontrar prueba alguna del delito de blanqueo que, de entrada y sin comprobación alguna, ha sido volcada sobre Barberá

 

Pero los dirigentes de Ciudadanos, según asegura un reciente ministro de Rajoy, no han sido los únicos que han engordado la repugnante panoplia de dolientes ocasionales, unos nuevos personajes que son las setas de este otoño político miserable. Ellos en primera fila, han sido, son, las víctimas propiciatorias del miedo que Podemos ha infundido en la sociedad española, una pavor hórrido que convierte a sus objetivos en peleles. Tras el verano, Iglesias, sometido entonces al vaivén de su polémica interna con Errejón, se creyó en la necesidad de ampliar el espectro de sus truculencias y dijo ante un grupo de periodistas cualificados: “No vamos a dejar títere con cabeza de esa Transición corrupta”. Y están en ello, mientras el PSOE no sabe cómo plantar cara a los soviéticos que le han devorado, como un Pantagruel robaperas, la merienda,  y el centroderecha se encuentra apabullado por los podemitas y por sus centrales mediáticas, una de las cuales ha ejecutado literalmente a la desgraciadísima Rita Barberá.

Han ganado y por eso se permiten aún después de muerta, llamar corrupta a una senadora que esta semana que hoy mismo comienza, iba a ser exonerada de toda culpa en el caso chistoso de los mil euros. Ni siquiera el ahora juez Conde Pumpido ha podido encontrar prueba alguna del delito de blanqueo que, de entrada y sin comprobación alguna, ha sido volcada sobre Barberá. Claro está que Pumpido aspira a una plaza en el Tribunal Constitucional y probablemente no ha querido irritar demasiado al Partido Popular.

Lo terrible para la memoria de la gran alcaldesa es que se ha muerto sin ver recompuesta su honra; siete días más y ésta le hubiera sido devuelta en forma de sentencia inapelable. De esta pésima noticia se van a alegrar Iglesias y sus cuates, uno de los cuales, el denominado por sus propios “Don Piso”, el Espinar más violento que conoce España, se ha empleado a fondo en la destrucción de la senadora. Todos podrán seguir acusando de “corrupta” a una difunta; que cuando vivía, ni siquiera los suyos la defendieron. Ahora muerta, ya no vale que los suyos recuperen su honradez. Simplemente han llegado a destiempo.

Pero por lo que escuchamos, el infarto que se ha llevado a Rita puede ser útil. Existe ya un cierto clima favorable a impedir que se desate un nuevo “caso Barberá”. “Hasta aquí hemos llegado” es la declaración que se hacen varios, no muchos todavía, dirigentes de los partidos decentes, un deseo imperativo que debemos suscribir los periodistas que aún en estas fechas, estamos practicando una suerte de corporativismo estulto quizá para guarecernos de las diatribas que pueden lanzar sobre nosotros los mariachis mediáticos de Podemos; sí, esos que ahora depositan toda la culpa de los acaecido con Rita sobre la pusilanimidad del Partido Popular, también aterido de miedo por el horror que ha desatado Podemos, la mafia que ha instalado el odio otra vez en España. El odio ya está aquí, ¿hasta dónde llegará su pútrida condición?    

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