El mejor rey del mundo: el sueño de Valencia

Como ya sucedió en Urgell, era el rey frente al cual todos querían rendirse. La fama y el prestigio precedían al gran monarca conquistador

Jaime I había conquistado la ciudad de Mallorca, pero aún no dominaba completamente la isla: había zonas que todavía escapaban a su control. Le hubiera gustado dirigirse inmediatamente hacia allí y consolidar sus posiciones, pero lo cierto es que otros asuntos exigieron la atención del rey. Tuvo que intervenir en las disputas, cada vez más violentas, entre los miembros de su hueste por el reparto del botín. Y un brote pestífero mermó las fuerzas con las cuales podía contar. Así pues, pasaron algunos meses antes de que pudieran reanudarse las cabalgadas para eliminar estos reductos de resistencia.

Para atraer pobladores, en 1230 firmó la carta de franquesa, un documento jurídicamente muy avanzado para la época en la que fue escrita. Esta concedía numerosas franquicias para los habitantes de Mallorca.

Entre otros derechos, se suprimieron gabelas y derechos feudales abusivos, la justicia se administraría de forma gratuita y se suprimieron las ordalías o juicios de Dios para dirimir la inocencia y la culpabilidad. Se reglamentaron los cargos públicos y el crédito; la caza y la pesca sería libre. De hecho, en los años siguientes la repoblación cristiana fue todo un éxito y sustituyó completamente a la comunidad musulmana precedente.

Punto clave en las rutas comerciales del Mediterráneo occidental, quiso proteger también las manufacturas y el comercio de la isla. Pisa y Génova contaron con un consulado mercantil y obtuvo bulas papales que permitieron el comercio con el norte de África. Se protegieron las creencias y costumbres de comunidad judía, una minoría muy activa y dinámica en términos económicos, en 1231.

En octubre, recibidos nuevos refuerzos y con una situación ya pacificada, el rey estimó oportuno volver a sus dominios peninsulares, pues había permanecido mucho tiempo ausente y su presencia también era requerida allí.

 

Recibido como un conquistador triunfante, era evidente el enorme prestigio que se había granjeado en los últimos años. Sancho VII llegó incluso a considerarle heredero del reino de Navarra.

Como ya sucedió en Urgell, era el rey frente al cual todos querían rendirse. Así lo exigieron los musulmanes que aún resistían en la isla, en la sierra de Tramontana, algo que realizaron en mayo de 1231. Y no solamente eso. Aprovechando lo que había ocurrido en el asalto de Mallorca por no quererse rendir ante él a tiempo, hizo extender la noticia de que había vuelto con una poderosa hueste para conquistar Menorca.

En Capdepera se encendieron por la noche más de trescientos fuegos. Cuando los menorquines preguntaron a los mensajeros de Jaime qué eran todas aquellas luces, estos respondieron que se trataba del campamento de la hueste del rey.

El ardid fue todo un éxito, pues se trataba de una hueste fantasma. Menorca aceptó someterse a vasallaje y pagar tributos al día siguiente. Cuatro días más tarde, se arrodillaron ante la presencia del gran rey conquistador, cuya fama y prestigio le precedían.

Jaime regresaba una vez más triunfante a la península. En esos momentos de alegría, descansando en Alcañiz, uno de los hombres del séquito de Jaime, don Sanç d'Horta, se permitía hacerle soñar con una gloria todavía mayor: «conqueriu Valéncia i tot aquell regne, que tot aquest no és res en comparació con aquell... si la preneu, podreu ben dir que sou el millor rei del món» («conquistad Valencia y todo su reino, que este no es nada en comparación con aquel... si la tomáis, bien podréis decir que sois el mejor rey del mundo»).

La crónica real presenta de forma muy oportuna y orquestada el sueño de la gran gesta de Jaime I, pero lo cierto es que esa idea ya había sido concebida con anterioridad. No obstante, ahora las circunstancias eran especialmente propicias, al imperar allí las divisiones.

Abu Zayd había sido derrocado por los levantamientos de Ibn Hud en Murcia y Zayyán ibn Mardanish en Onda. Este finalmente ocupó Balansiya (Valencia) y le obligó a huir a Segorbe en 1229. Zayd acudió entonces a Jaime I, ofreciéndole lealtad, tierras y castillos.

*Doctor en Historia-UV. Dottore di ricerca-UniCa

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