Ojos vigilantes: el caso Ábalos

El ministro Ábalos ha protagonizado el primer escándalo del nuevo gobierno por su sospechosa reunión con la vicepresidenta de Venezuela

El ministro Ábalos ha protagonizado el primer escándalo del nuevo gobierno por su sospechosa reunión con la vicepresidenta de Venezuela

Si el gobierno español, como ha reclamado la oposición, ha cambiado de actitud en relación a su compromiso con la democracia en Venezuela, haría mejor en decirlo alto y claro.

Pobre Ábalos, que mal lo debe estar pasando a causa del Delcygate. ¿Acaso un miembro del gobierno de España no tiene derecho a reunirse a escondidas con una vicepresidenta de un gobierno bolivariano cualquiera? ¿Qué mal puede surgir de una cita amparada en la clandestinidad?

 

Quizá debiera habérselo pensado mejor y recomendar a su jefe, el insigne Pedro Sánchez, que alterase un poco su agenda para reunirse con el presidente encargado, Juan Guaidó, que es a quien reconocen como presidente legítimo la totalidad de los gobiernos democráticos del mundo.

 

A medida que se van conociendo más detalles sobre el encuentro, más sospechoso resulta. Ni queda claro el verdadero contenido de lo hablado, ni la finalidad última del viaje, con una ruta más que sospechosa y que hace pensar que los jerarcas del régimen bolivariano sacan todo el dinero que pueden del país antes de una desbandada general.

 

Si el gobierno español, como ha reclamado la oposición, ha cambiado de actitud en relación a su compromiso con la democracia en Venezuela, haría mejor en decirlo alto y claro. En caso contrario, debería abstenerse de ciertas amistades peligrosas y de dar la oportunidad a un guasón Nicolás Maduro para burlarse de la repercusión del asunto en España.

 

¿Cuál será la siguiente bomba de humo que lance el gobierno para tapar el escándalo? Es posible que Argelia, que con la ampliación unilateral de su zona económica exclusiva se ha plantado de golpe y plumazo en las aguas de las isla de Cabrera, sea una nueva isla de Perejil. Casi resulta posible imaginar las fragatas españolas despachadas en dirección a tierras argelinas, o resultaría, de estar en Estados Unidos, donde los problemas de su gobierno se resuelven bombardeando algo fuera.

 

Por fortuna, el asunto no llegará tan lejos. Los problemas territoriales de este tipo son comunes entre estados y rara es la vez que se llega a un conflicto serio por ello.

 

Con todo, volviendo al tema principal, el gobierno español debe ser más cauto en el futuro sobre la línea que sigue en su política exterior, que debe ser estudiada, coherente y con visión a largo plazo; el compromiso con la democracia y los derechos humanos debe prevalecer sobre otros intereses.

 

Esperemos que Ábalos, y por extensión el gobierno del que forma parte, hayan aprendido una valiosa lección: no se puede ser tan ingenuo como para pensar que no hay nadie mirando.

*Politólogo y abogado

 

 

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