Cómo Eurovisión alienta el independentismo catalán

La venda ya cayó

La venda ya cayó

Ese ninguneo en el festival a la lengua de Puigdemont, Pujol, Companys y demás companys de delirio segregacionista, ha sido determinante en el crecimiento del ardor catalano-separatista

Una de las razones por las que numerosos catalanes están a favor de la independencia – menos del cincuenta por ciento de su población, según el último CIS catalán— la tiene el festival de Eurovisión. Se habla poco de ese asunto, pero así es, según revelan los expertos que estudian por obligación el aburridísimo coñazo que es el prucés con sus lacitos amarillos, sus proclamas cotidianas en TV3 y su canesú.

Es muy posible que antes de que finalice el juicio a los dirigentes separatistas en el Tribunal Supremo, y se revisen pruebas y actas de los preparativos del golpe por el que se juzga a los Junqueras, Jordis, Romeva y demás companys, acabe aflorando también esta eurovisiva hipótesis.
La rebeldía separatista que anima a estos dirigentes viene fundamentada en buena medida por la histórica e histérica frustración que sienten por no haber podido escuchar nunca, en los sesenta y cuatro años con que ya cuenta el Festival de Eurovisión, una canción interpretada en catalán.

Ese ninguneo a la lengua de Puigdemont, Pujol, Companys y demás companys de delirio segregacionista, ha sido determinante en el crecimiento del ardor catalano-separatista.
Un ardor que cronificó en la dispepsia que aqueja a Torra y su gobierno en pleno. Porque en las dos últimas ediciones del festival ni Alfred (catalán de Hospitalet, que hizo pareja el pasado año 2018 con Amaya), ni Miki (nacido en Terrassa) que cantó la pasada semana en el último certamen eurovisivo, lo hicieron en catalán.
Arriesgada, y a la par frustrante para lo catalanes, fue la tentativa del ya latente separatismo para que Joan Manuel Serrat cantase en 1968 en catalán el La, la, la. Se dijo que la Banca Catalana (el primer caso de latrocinio de otros cientos con la firma por Jordi Pujol) aflojó tres millones de pesetas para que se intentase. El franquismo rampante se puso de los nervios y suerte tuvo el cantante del Poble Sec de no dar con sus huesos en la cárcel.

Le sustituyó Massiel, que acabó alzándose con el primer triunfo eurovisivo para España, pero de cantar en catalán res de res. Ni Serrat, ni Salomé, ni Peret, ni Nina, ni Sergio Dalma, ni el Chikilicuatre, ni los recientes Alfred o Miki, entre otros y otras más, cantaron en su lengua materna. Nunca el catalán ha sonado en un festival de Eurovisión. Así no hay manera de convertirse en un estado.
Tampoco Messi contribuye a la difusión de un idioma para el que, por cierto, a los valencianos si nos cuentan en el recuento que ellos hacen de quienes dicen que hablan catalán. Lo de los países catalanes sólo sirve para provecho de algunas editoriales pero no para que nos llegue el agua sobrante del Ebro, por ejemplo.

Digo lo de Messi porque el jugador argentino que ha progresado muy adecuadamente en lo futbolístico, a mayor gloria del que és més que un club, no lo ha hecho de igual forma en cuanto al aprendizaje del idioma autóctono, porque nunca se le ha oído decir ni mú en catalán, que de todos modos sonaría igual que en castellano.
Messi, además, mucho se guardó de aplaudir una proclama pro-presos que se lanzó con motivo de la concesión de la Creu de Sant Jordi, que la Generalitat le concedió al jugador. El jueves de la pasada semana, en el acto de imposición, Messi permaneció con las manos juntas cuando sus compañeros de premio jaleaban el alegato separatista.

El que pasa por ser el mejor jugador contemporáneo de fútbol, sin que falten por cientos de miles de quienes también le otorgan la condición a mejor jugador de la historia, no parece estar por hacerles el caldo gordo a los indepes. Es más, en una de las cláusulas de su multimillonario contrato se recoge que quedará desligado del Barça en el caso de que el club por mor de sus querencias quedase fuera de la Liga Española.
Tal como pinta el futuro político de Pedro Sánchez, obligado a hacer ímprobos esfuerzos para asegurarse la Presidencia del Gobierno, nada tendría de extraño que una de las concesiones que hiciese a ERC para que le votase su investidura, fuese que el representante español en el próximo festival de Eurovisión cantase en catalán. De peores concesiones se verán porque la Moncloa bien vale un indulto.
Aunque, si de lo que se trata es de volver a ganar esa competición, que tan mal se nos da últimamente, nada mejor que unos arreglos de Paquito Chocolatero y a triunfar.

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