21 de septiembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

La bofetada europea a Barcelona hunde al independentismo en plena campaña

El teniente alcalde de Barcelona, Gerardo Pissarello. A su lado, Jaume Colboni, del PSC.

El teniente alcalde de Barcelona, Gerardo Pissarello. A su lado, Jaume Colboni, del PSC.

Unos 5.000 nuevos empleos, más de 30.000 pernoctaciones hoteleras al año y un impulso sin precedentes al aeropuerto de El Prat. Esta es la factura del último fracaso del independentismo.

Pese al colosal esfuerzo de las últimas semanas, en el que se han implicado el propio Rey Felipe, Mariano Rajoy, los ministros de Sanidad y Exteriores, y la diplomacia española al completo, no ha podido ser. Como dicen en privado fuentes gubernamentales, "el daño ya estaba hecho".

El procés y la actitud de los principales dirigentes independentistas han dinamitado este lunes el último gran proyecto de Barcelona: albergar la sede de la Agencia Europea del Medicamento que, finalmente, se ha esfumado y viaja ya a Amsterdam.

Una bofetada en toda regla que va a marcar, sin duda, la precampaña y la campaña de las elecciones del 21-D y que se suma a la fuga contabilizada de más de 2.000 empresas catalanas desde el referéndum ilegal del 1-O.  

Las expectativas reales que tenía Barcelona -en verano era favorita destacada para relevar a Londres como sede de la EMA tras el Brexit- han quedado más que dañadas por la deriva del expresidente de la Generalitat, enfrascado en las últimas semanas en un ataque permanente a las principales autoridades comunitarias -Juncker, Tusk y Tajani- y a primeros ministros como Angela Merkel y Enmanuel Macron, por su supuesta "pasividad" ante la independencia unilateral de Cataluña.

Pero tampoco sale bien parada de este nuevo y sonoro fiasco del independentismo la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, que nunca se implicó de lleno en el proyecto, como sí hizo el Gobierno central. Si hace unas semanas, a la primera defensa de la candidatura, Colau envió a su teniente alcalde Jaume Colboni -después expulsó al PSC de su equipo de gobierno-, este lunes hizo lo propio con su número dos, Gerardo Pissarello. Ella rehusó dar la cara en un momento clave.

Y por si fuera poco, en un nuevo alarde de la equidistancia con la que Colau se está conduciendo en esta precampaña, culpó en la misma medida de la decisión de Bruselas a la DUI y a la aplicación del artículo 155.

Mucho más lejos aún fue el propio Puigdemont, que ya avanzó este lunes su línea de estrategia para afrontar en la campaña un fracaso que ha escocido y mucho a los catalanes; puesto que les va a privar de la creación de cerca de 5.000 puestos de trabajo (entre directos e indirectos) y de un impacto muy importante en el turismo, la hostelería de la ciudad y el propio aeropuerto de El Prat. Sin embargo, el expresidente se borra de cualquier responsabilidad:

 

 

La ministra de Sanidad, Dolors Monserrat, este lunes en Bruselas. 

 

A buen seguro, el fracaso de Barcelona en Bruselas va a marcar la precampaña y los debates electorales, si estos finalmente se producen, dado el carácter de prófugo de Puigdemont y el encarcelamiento de Oriol Junqueras.

Y es que este jarro de agua fría por culpa de los vaivenes del independentismo tiene unas cifras demoledoras y una factura de vértigo. Según los propios cálculos de la patronal farmacéutica, la EMA iba a generar entre 4.000 y 5.000 trabajos indirectos, al margen de casi 1.000 funcionarios que deberían mudarse a Barcelona para conservar su puesto. Lo explicaba de esta forma tan gráfica el presidente de la Organización Médica Colegial, Serafín Romero. "Una oportunidad histórica perdida".

Además, hubiera tenido un impacto decisivo en el turismo. La agencia recibe unas 36.000 visitas de expertos al año y organiza diferentes congresos internacionales de alto nivel. Desde el Ministerio de Sanidad estimaban unas 30.000 pernoctaciones al año y la puesta en marcha de nuevos negocios con expertos del más alto nivel técnico porque este organismo europeo cuenta con 1.600 proveedores.

El procés se cobra así una nueva víctima. Y mientras los barceloneses se lamentan de su suerte, el cava corrió en Amsterdam. Europa no conoce fronteras.

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