Casado, Bonig y Catalá. Y pelillos a la mar

El PP necesitaba esto. Pero no sólo esto. Para que los populares ganen a Ciudadanos en la Comunidad y en Valencia, y para que ambos sumen más con Vox que la izquierda consigo misma va a hacer falta algo más de lo que se vio este sábado en el Mar Rojo, el auditorio. Pero había que empezar por ahí. Por por dejar de pedir perdón -Bonig se ha aplicado-, por sacar pecho, y por reivindicar el pasado. Todo el pasado, excepto José Luis Olivas, que estos días viaja mucho a Madrid, y que a los efectos no existe. Pelillos a la mar.

Si ha habido dos líneas argumentales comunes en los discursos de los tres alcaldables de capitales (la castellonense Begoña Carrasco, la valenciana María José Catalá y el alicantino Luis Barcala, “la cuota masculina” en feliz expresión de Isabel Bonig) ésas han sido: no se le va a dar cuartelillo al catalanismo, y Rita es “con todo respeto” patrimonio de todos los valencianos, por si la familia de la ex-alcaldesa albergaba alguna esperanza. En materia de patrimonio, el líder, Pablo Casado, etiquetó con la D.O. a tres de los cuatro presidentes de la Generalitat que ha dado el PP: “Alberto Fabra, Paco Camps, y Eduardo Zaplana” (para quien volvió a pedir trato “humanitario”). Pelillos a la mar.

De lo del catalanismo hay poco que explicar. Los cinco oradores dejaron alguna frase vinculada. María José Catalá resumió el asunto en el propósito de “que catalanistas y separatistas quiten sus manos de esta ciudad”. Creo que no dijo “sucias”. Inteligente, como siempre, la torrentina. Que, A), no escondió su origen para a continuación justificar su segunda alcaldía potencial en que “adoro esta ciudad”, en referencia a Valencia, claro. Y B), retó a quien esté revisando vídeos estos días a que compruebe que en muchos actos culturales de Valencia ella estaba y el alcalde Joan Ribó no. Entre la audiencia, el presidente de Lo Rat Penat, Enric Esteve, ése que hace nada decía que el “único” candidato posible para que los votos valencianistas no se fueran a otro partido era Luis Santamaría. Catalá y Bonig (¿o fue Casado?) le agradecieron su presencia. Che, pelillos a la mar.

En el extensísimo capítulo de agradecimientos de Catalá y Bonig -que en algún momento de estos últimos años debieron pensar que no llegarían juntas al Mar Rojo- quiero significar algunos que no son los propios de discursos de los Goya. Eusebio Monzó fue agraciado con los de las dos damas fuertes del PPCV, y que no se me moleste Eva Ortiz. Triste es decirlo, pero, agazapado entre el público, un militante le preguntaba a otro: “¿Y ése Monzó quién es?”. Además de al portavoz municipal en tiempos revueltos, Bonig le dio las gracias a Santamaría. Hablo de Luis, el que ha hecho campaña antes de que hubiera candidata, el presidente de la Gestora en tiempos revueltos, porque ¿de qué otro Santamaría podríamos estar hablando si esto va de pelillos a la mar?

Apenas hubo una levísima referencia de Catalá a todos los que desde el Ayuntamiento de Valencia han trabajado estos años por su partido. Camuflados entre el público había ex concejales y concejales, Silvestre Senent y Cristóbal Grau. Y camuflado en el atrezzo del acto, el asesor compulsivo por excelencia, Luis Salom. Isabel Bonig no se olvidó para este capítulo feliz de “el valenciano más universal que tenemos”, que no, no es Carmen Montón (universal, sí, valenciana, también, pero no “la tenemos”), ni es Santiago Calatrava, ni tampoco David Ferrer. Es Esteban González Pons, portavoz europeo del PP, ex-pre-alcaldable de Valencia. Y pelillos a la mar.

¿I de forment, me preguntarán ustedes? A ver: el alcalde de Alicante, a lo Pedro Sánchez, nos recordó a todos que es alcalde, un hecho que le ha valido para ser alcaldable como ningún otro de su biografía política. Le faltó remarcar que era el único primer edil sobre el escenario. La alcaldable de Castellón, pues bien. Su homóloga de Valencia -la que más expectación había provocado- citó tímidamente al tráfico de Grezzi (que está tolerado) y sus (de ella) futuros puerta a puerta, dos cuestiones en las que esta semana ha apretado su previsible socio primaveral Fernando Giner, y que, en el segundo de los casos, ella practicó sólo en comercios en otra campaña en su ex-ciudad. Y en cuanto a su amiga Bonig (“el corazón fuerte y piadoso de Isabel va a ganar a la debilidad de Ximo Puig”, vaticinó Catalá), la lideresa anunció -con papeles pero no con documentos- bajada de impuestos, libertad educativa, y fin de las listas de espera concertando lo que haga falta, para acabar recomendando que “no miréis al pasado, que es de ellos (del Botànic)” y parafraseando a Zaplana con eso de que “lo mejor está por llegar”. ¿Pelillos a la mar?

Con todo, el principal misterio de la mañana de este sábado ha sido por qué Génova ha tardado tanto en nominar a todos los arriba citados, si según Pablo Casado “teníamos muy claro” que estas personas “tenían que encabezar” las listas. Pelillos a la mar.

Mensajes nacionales aparte, Casado sacó una reivindicativa naranja a escena, como Vicente González Lizondo, como Joan Baldoví. Menos mal que Valencia no es Villaconejos, y aquí no damos melones; Casado revivió el sueño de Camps asegurando que “Valencia puede ser lo que antes fue Barcelona”; Casado reveló -estuvo en esa negociación- que Ciudadanos exigió la expulsión de Rita Barberá para cerrar el acuerdo de Gobierno con Rajoy en 2015, y que ella antepuso los intereses de España a los suyos; Casado vino a cerrar frentes y heridas. Los 300 del auditorio parecían asentir. Los 300 que se quedaron fuera por falta de espacio (¿previsión?), también. Pelillos a la mar. 

 

 

 

 

 

 

Comenta esta noticia
Update CMP