19 de mayo de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Quien a hierro mata...

 

 

El último “terremoto” del sinvivir político sacude los cimientos de La Moncloa. Las risas siempre van por barrios. La polémica sobre la tesis doctoral de Pedro Sánchez eleva el tono por horas. ¡Otra pelotera más que concierne a la formación académica y –supuesto- trato de favor de nuestros líderes relevantes!

Por más que, en esta ocasión, también esté detrás del nuevo “sobresalto” mediático y político la mano del líder de Ciudadanos, Albert Rivera. Al menos, así lo entienden algunos mandamases socialistas, que le acusan abiertamente de haber “sobreactuado” porque ve desdibujadas sus expectativas por la llegada del PSOE al Gobierno y la irrupción de Pablo Casado al frente del nuevo PP.

Habrá que preguntarse qué persona de valía estará dispuesta a dedicarse a la “cosa pública”, viendo que se ha convertido en una “caza al adversario” 

Tiene lógica el paso adelante del líder naranja. En primer lugar, porque ha visto la ocasión propicia que buscaba para intentar que se olvide esa especie de “pecado original” que fueron sus coqueteos con Sánchez cuando puso a su disposición los votos de Cs para facilitar su investidura.

Aquel salto al vacío, que buena parte de su electorado no logró digerir, sumado luego a la férrea labor de desgaste al Gobierno de Mariano Rajoy -que, a la postre, fue decisiva para disparar la moción de censura que sacó al PP de La Moncloa- son, según explican dirigentes de Ciudadanos, dos hándicaps del líder naranja. Y tienen que conseguir que los españoles los olviden, sobre todo el electorado de centro derecha.

 

 

Pero, además, matando dos pájaros de un tiro, Albert Rivera logra emerger como referente de la oposición en un asunto, el de las titulaciones universitarias, en el que el PP de Casado debe, comprensiblemente, manejarse con tiento.

El tufillo

Más aún el día en el que el Tribunal Supremo ha pedido a la Fiscalía que informe sobre su polémico máster.  De lo que no cabe duda es de que Rivera ha recuperado un protagonismo perdido: eso sí, a riesgo de zambullirse en  una estrategia que ahonda en un tufillo inquisitorial agobiante para la clase política.

 

Y es que, visto lo visto, habrá que preguntarse qué persona de valía estará dispuesta a dedicarse a la “cosa pública”, viendo que se ha convertido en una actividad donde la “caza al adversario” para acabar con su reputación desprecia conceptos sacrosantos como el respeto a la dignidad personal. Ahora, tampoco hay que perder de vista, que el PSOE es de los que con mayor fogosidad se ha entregado a la tarea.

 

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