20 de noviembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Por casos como el del niño Gabriel tiene sentido la prisión permanente revisable

El hallazgo del cadáver y la detención de su posible asesina invita a una urgente reflexión a todos los partidos para mantener, sin duda, la prisión permanente revisable para casos así.



 

 

El hallazgo del cadáver de Gabriel, el niño desaparecido hace doce días en Almería cuando volvía solo a su casa, pone el tétrico y tal vez esperado fin a una historia que ha tenido sobrecogida a España entera durante todo este tiempo.

Las cifras presagiaban la probabilidad de que el responsable de semejante tragedia proceda del entorno de la víctima es altísima. Y en esta ocasión parece confirmarse esa tesis con la detención de la pareja del padre de Gabriel, cuyo cadáver llevaba escabrosamente en el maletero de un coche cuando fue interceptada.

Una sociedad adulta tiene por primera obligación proteger a los más indefensos: los niños. La prisión permanente revisable es para eso

Todo el mundo sospechaba de la detenida desde el momento en que encontró una camiseta del niño en un paraje abandonado rastreado previamente por expertos: se pensó, y ahora es algo más que una hipótesis razonable, que ella mismo dejó allí la prenda para intentar despistar a los Cuerpos de Seguridad. En realidad, tal vez, sólo le sirvió para atraer hacia sí misma los focos de la investigación.

La sangre fría demostrada por esta mujer produce escalofríos, pues durante todo este tiempo no ha dejado de mostrar un dolor artificial y público, participando incluso en concentraciones en defensa del pobre Gabriel para pedir su liberación. Sin precipitarnos en la sentencia, es obvio que la detenida ya sabía entonces que el chaval estaba muerto, conocía la localización de su cuerpo y, salvo sorpresa de última hora, era obviamente consciente de quién le había matado: ella misma. Falta por saberse la razón y si el asesino actuó en solitario o le ayudó antes o después alguien; pero lo sustantivo del caso está resuelto dolorosamente.

Dolor e indignación

Todos los crímenes suponen un impacto brutal en la sociedad, que de repente se enfrenta al mal en estado puro y le mira a los ojos para reconocer en él las penumbras más sórdidas del ser humano. Pero cuando la víctima es un menor de edad como Gabriel, al dolor profundo se le añade un tipo especial y único de indignación, procedente de la incómoda sensación de que no hemos sido capaces de proteger a los más indefensos.

 

 

No es ventajista relacionar a tan luctuosos sucesos con el debate abierto sobre la prisión permanente revisable, que tiene especial sentido para casos así: los asesinos de niños, quienes abusan sexualmente de ellos y quienes se han reiterado en la comisión de los delitos más repugnantes que existen; no pueden salir a la calle ni pronto ni sin estar constatada, de manera fehaciente, su auténtica reinserción.

Urge una reflexión de los partidos políticos que quieren anular la prisión permanente: no es alarmismo defenderla, sino responsabilidad

La prisión permanente revisable no es una cadena perpetua, sino una herramienta imprescindible para protegerse de los peores que tienen en sus códigos penales algunos de los países más avanzados y democráticos del mundo: se trata de que casi cualquier delincuente tenga la posibilidad de salir de la cárcel; pero no de que el Estado tenga la obligación de liberarle a sabiendas de que sigue siendo un peligro público.

El buenismo daña

Y viendo casos como el de Gabriel o leyendo la carta escrita por el asesino de Diana Quer desde la cárcel, vanagloriándose de su puesta en libertad en siete años máximo; conviene reclamar a todos los partidos una urgente reflexión para no anular ese mecanismo legal reservado para muy contadas excepciones. Los que no saben vivir en sociedad y además no son capaces de rehabilitarse no pueden estar sueltos.

Y cuando hay niños de por medio, es a los adultos a quienes corresponde hacer todo lo que está en su mano para paliar ese riesgo, y no para potenciarlo desde un buenismo incompatible con la defensa de los únicos que no se pueden defender ellos solos.

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