12 de julio de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

La genuflexión de Sánchez esconde un plan con Puigdemont frotándose las manos

El presidente desembarca en Cataluña para "rendirse" ante el separatismo y habilitar su inquietante hoja de ruta. Éstos son los pasos ya en marcha.

 

 

Nada más cruzar el umbral del Palau de la Generalitat, Pedro Sánchez buscó dar al encuentro con Quim Torra un barniz de normalidad, pero ninguna imagen resume mejor lo ocurrido este jueves en la sede del gobierno autonómico que esa desproporcionada inclinación de cabeza –toda una “genuflexión intelectual”- de su jefe de gabinete, Iván Redondo, ante el inhabilitado mandatario catalán. La del “estratega jefe” de La Moncloa fue toda una declaración de intenciones de lo que iba a ser la entrevista posterior.

La cita entre Sánchez y Torra ha sido cualquier cosa menos normal. Alfombras rojas, guardia de honor de los Mossos, saludos frente a las cámaras… Como si de un jefe de otro Estado se tratase. Y unas comparecencias propias de cumbres internacionales, con limitación a un puñado de preguntas.

Un asunto "complejo"

La parafernalia de la rareza. Que Sánchez acabase su rueda de prensa con un histriónico “la ley no basta” ya fue rizar el rizo. El presidente del Gobierno se lanzó incluso a afirmar que la autodeterminación resulta “un asunto complejo”, dejando en la nebulosa la posibilidad de aceptar iniciativas inasumibles aunque sin concretar el qué, el cómo y el cuándo. Todo un pandemónium.  

En realidad, artificios al margen, lo que ha sucedido en Barcelona es que el Gobierno de España se ha metido de lleno en el palacete de Waterloo donde se esconde el último gran enemigo de España, Carles Puigdemont.

 

 

Quim Torra es tan solo el títere, el testaferro del hombre a quien buscan el Tribunal Supremo, la Policía y la Guardia Civil por intentar volar nuestra democracia. A eso se ha prestado Sánchez, adelantando por la izquierda al mismísimo Maquiavelo.

“El fin justifica los medios”, ha debido pensar en su ensoñación el líder del PSOE. Salvo que el fin, en este caso, no es la rendición del independentismo ni una solución legal al “conflicto político" de Cataluña.

 

Porque el pomposo término de “agenda para el reencuentro”, ¡toma ya!, es una sumisión tan triste como vergonzante ante Torra. Poco parece preocupar que en ese viaje con el peligroso copiloto del independentismo al lado se pongan en riesgo la soberanía del pueblo español, la unidad de España y la Constitución. Parecerían  daños colaterales asumibles en una carrera en la que lo único importante para Sánchez es Sánchez. Nunca unos Presupuestos nos van a costar tanto. 

 

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