20 de septiembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT
  • Saúl Ortiz

    El Coso Rosa

    Repaso con agilidad torera los embistes de diestro y siniestro sin que me tiemble el estoque, con el que me enfrento a los morlacos bravos y a los mansos. Me gustan las tardes de gloria, aunque a veces la vuelta al ruedo sea, más bien, una desvergüenza. Entraré siempre a matar aunque antes me deba persignar.

Los rumores sobre Pantoja y Encarna Sánchez que Chabelita cerró tras una puerta

Lo que hubo entre ellas muy pocos se han atrevido a bautizarlo. Veinte años después su amigo íntimo se dedica a alimentar el misterio y yo recuerdo una conversación con la tonadillera.

Se cumplen veinte años desde que la voz de Encarna Sánchez se apagara para siempre. El cáncer acabó con una de las comunicadoras más polémicas de la historia pero también con una mujer ambigua y frágil en lo personal que sufrió por amor. Sus relaciones siempre fueron un misterio. Pura especulación que nadie, ni siquiera sus más acérrimos enemigos, han querido aclarar. Lo único cierto es que Encarna siempre supo mantener la duda. Incluso con sus idas y venidas con Isabel Pantoja.

Recuerdo cuando le pregunté a la tonadillera por Encarna. En sus ojos descifré el miedo, el amor y la ternura. Ella solo me respondió que la quiso mucho como si ese querer escondiera también el odio y la indiferencia. Pero Isabel se volteó rápidamente y acaricio la medalla que llevaba colgada en su cuello. Quizás buscando amparo o protección o, puede que  anhelando refugio en aquella suite presidencial del Casino de Torrequebrada en la que nos encontrábamos. Pantoja no me dio la oportunidad de indagar más sobre lo suyo con Sánchez. Tampoco me atreví a exponerle los rumores que por aquel entonces -y mucho antes- circulaban por la trastienda del corazón. De haberle preguntado con clara curiosidad, Isabel hubiese respondido. Pero la puerta de la habitación se cerró de golpe. Su hija Chabelita entró nerviosa entre el humo de los cigarros. Isabel me miró como prohibiendo más preguntas e inició, como cualquier madre, un recorrido por las gracias de su hija, quien le correspondió con una larga y contundente respuesta en inglés.

Lo que hubo entre Encarna e Isabel muy pocos se han atrevido a bautizarlo. Amistad, sin duda, pero también aparente interés por una proyección mediática que llegó pronto pero que acabó convertida en una absoluta persecución. A pesar de los pesares, quienes conocieron en la cercanía a la presentadora aseguran que su imagen pública no se corresponde con la realidad. Hace ya algún tiempo hablé brevemente con Pedro Pérez, productor de su programa y amigo íntimo, en dos ocasiones. Es de las personas que, en efecto, no sólo mantiene sino que potencia el misterio sobre Encarna. Solo fue capaz de dibujarme su perfil filantrópico: "Con su dinero ayudó a mucha gente, así que no debía ser tan mala como se dijo durante los años posteriores a su muerte". Es curioso, pero Pedro colgó el teléfono tras pronunciar esa muerte que sobrecogió a sus seguidores radiofónicos.

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