11 de diciembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

La película que deberían ver Carmena e Iglesias

Marimar Blanco, en la Fundación Miguel Ángel Blanco ayer

Marimar Blanco, en la Fundación Miguel Ángel Blanco ayer

La 2 de TVE emite a medianoche 'Contra la impunidad', el filme que hace la pregunta oportuna para las víctimas de ETA. ¿Por qué están mejor los verdugos? Un título imprescindible.

Si 'Shoah' de Claude Lanzmann es la película canónica del Holocausto, con nueve horas imprescindible para acercarse remotamente al horror nazi; 'Contra la impunidad' y en general toda la obra del cineasta Iñaki Arteta puede serlo del terror de ETA.

Una mirada ética, con arrojo intelectual, un golpe en la conciencia colectiva. Así es la última obra del autor, que puede verse hoy a medianoche en La 2, una cita oportuna que coincide con el vigésimo aniversario de la ejecución de Miguel Ángel Blanco y con la extendida idea de que, una vez calladas las armas, las víctimas tienen menos audiencia que sus verdugos.

Arteta se hace la pregunta oportuna, imprescindible, pero por alguna frustrante razón también la más incómoda para quienes entienden que, en el viaje de la 'paz', no es necesario incluir un relato preciso, humano y a tumba abierta de lo que ocurrió durante 40 años de bombas, sangre, balazos, extorsión, violencia y exilio.

 

 

La cinta es un golpe en la mesa en favor de las víctimas, justo cuando se discute hasta la figura de Blanco

'Contra la impunidad' es un alegato trepidante, pero también un acto de justicia conmovedor por su verdad y desolador por su soledad: casi nadie pregunta, como sí hace Arteta, por qué no se han aclarado 300 de los 858 crímenes de ETA. Ni tampoco, y Arteta vuelve a hacerlo, qué hemos hecho mal para que, cerrado el episodio criminal, a los asesinos les haya ido bastante mejor que a sus víctimas. Si los nietos de los muertos sienten menos calor que vergüenza los de los asesinos, el terrorismo estará más cerca siempre de resucitar.

Para quienes piensen que el fin del horror no será cierto ni definitivo mientras no se haga un relato correcto de los hechos, único antídoto para cerrar y enterrar de verdad el horror, 'Contra la impunidad' constituye la esperanza de que algo tan elemental como la verdad no termine sepultada por la supuesta conveniencia.

Por las víctimas

Las seis candidaturas a los Goya de la película presagian un merecido éxito, pero el mayor de todos ellos será llenar la audiencia de espectadores cívicos, movidos por la misma necesidad de justicia que ha guiado la valiente carrera de Arteta, uno de esos vascos con memoria que ha hecho de su talento un combustible intelectual inagotable. 'Contra la impunidad' es la lucha de unos pocos contra el olvido, a favor del Estado de Derecho y, sobre todo, una épica defensa de las vidas rotas, las que nunca volverán y piden a gritos callados que alguien, como Arteta, recuerde y les ofrezca ese mínimo bálsamo de decencia que es la Justicia.

La emisión de la última película de Arteta, el cineasta e intelectual que más tiempo ha dedicado a evitar que la historia del terrorismo se reescriba desde la perspectiva de quienes lo practicaban o respaldaban, irrumpe así como un alegato ético ante las mediocres polémicas políticas suscitadas en una efemérides, la del crimen de Ermua, que lejos de suscitar consenso ha aireado una profunda herida en parte de la sociedad española: las víctimas, como antaño, vuelven a no ser un espacio común de memoria, dolor y dignidad. El largometraje de Arteta intenta evitar que esa inquietante tendencia se consolide.

 

 

 

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