17 de septiembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

La encrucijada de Iglesias

El líder de Podemos apura sus últimas jugadas entre dudas internas y la sensación de que, esta vez, quizá no tenga un conejo que sacar de la chistera para salvarse.

 

 

Tras la siembra llega la cosecha, piensan en Ferraz. Y si hace tres semanas fue la hora de Pedro Sánchez, en el PSOE avisan: ahora quien se la juega es Pablo Iglesias. Creen que el líder morado no solamente arriesga su supervivencia política, sino que ha puesto en el tablero la propia viabilidad futura de Podemos. Sánchez -sacan pecho los suyos- ha jugado sus bazas con habilidad.

A principios de agosto se expuso ante los medios con su ronda de audiencias “a todo el que tiene algo que decir” en la izquierda y luego se fue a ver al Rey… y de vacaciones a Doñana. Pero lo que para media España fue un puro postureo ha resultado ser, en realidad, una cocción a fuego lento para Pablo Iglesias.

Porque, como en la parábola de la cigarra y la hormiga, el líder socialista no ha dejado de llevar víveres para la “despensa” de la posible repetición electoral del 10-N. Si hay que llenar la España despoblada, tal promesa sacaron de La Moncloa las asociaciones rurales.

 

Si es preciso contentar a los sindicatos, la reforma laboral del PP se pone de nuevo en cuestión. La emergencia climática ha sido prometida a los ecologistas. Y la “igualdad”, en dosis al gusto, se le ha reservado a movimientos y ONG feministas. En cuestión de días, Sánchez ofertará al PNV un “empujón” al AVE vasco. Y a Izquierda Unida… gestos y más gestos para colgar en la galería de trofeos de Alberto Garzón.

Los barones de Podemos

Dicen que “dividir es vencer”. Y un puñado de barones de Podemos ya se han rendido al PSOE. Los más recientes, este mismo miércoles, los eternamente díscolos de La Rioja. A principios de mes tumbaron a la socialista riojana Concha Andreu por no ceder tres consejerías a cambio del sí de una solitaria parlamentaria podemita.

Ahora, tres semanas después, se hace presidenta a Andreu a cambio de una Consejería… de Participación. Muchos dirigentes morados piensan que para ese viaje no hacían falta tantas alforjas. Ya antes habían llevado a la presidencia casi sin condiciones a Javier Lambán en Aragón y a María Chivite en Navarra.

Pablo Iglesias ha estrechado tanto su campo de juego que se encuentra en una encrucijada endiablada: o rendirse a cambio de nada, o ir al 10-N

Son los mismos mandatarios que, aterrados, esperan como agua de mayo una señal que no acaba de llegar desde el casoplón de Galapagar. A poco les ha sabido la propuesta, erre que erre, de un Gobierno de coalición, presentada el martes a toda prisa justo antes de que su líder reapareciese en Antena 3, y que el PSOE ha rechazado casi sin mirarla.

En Podemos siguen esperando el conejo en la chistera que tenga guardado el jefe. Pero, nadie, a estas horas, está convencido de que su secretario general sea capaz de mantenerle el pulso al presidente en funciones. Más bien circula por el ambiente que Iglesias estaría rumiando echarse a un lado para que otros negociadores del partido se sentasen con los socialistas para intentar salvar in extremis el “gobierno progresista”.

La encrucijada

Algunos, bien informados de lo que se cuece en la sede morada, reconocen “desánimo” y “desconcierto” entre su gente. Pablo Iglesias ha estrechado tanto su campo de juego que se encuentra en una encrucijada endiablada: o rendirse a cambio de nada, o ir al 10-N como aquel avaricioso y soberbio aspirante a vicepresidente que tumbó a Pedro Sánchez en 2016 para acabar abriendo el camino de La Moncloa a Mariano Rajoy.

Y bien saben -el ejemplo de Isabel Díaz Ayuso en Madrid lo muestra- que Pablo Casado y Albert Rivera sí están dispuestos a entenderse en cuanto surja la oportunidad.

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