20 de julio de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Palabra de LeBron James, amén

El baloncesto español se encuentra en el olimpo de los dioses. Y esto lo saben en el mundo entero. En todo el mundo menos aquí, donde somos siempre muy dados a odiarnos a nosotros mismos.

Calderón es un jugador de baloncesto muy inteligente. He jugado contra la selección española muchos años y no producen jugadores sin inteligencia en pista. Los Gasol, Ricky Rubio, Calderón…y la lista sigue y sigue. Es su fuerte para estar en la NBA tanto tiempo sean cuales sean sus números. Es un gran profesional.

Esto es lo que dijo LeBron James sobre José Manuel Calderón en particular y sobre el baloncesto español en general. LeBron James. El ya considerado por muchos como segundo mejor jugador de baloncesto de todos los tiempos, solo por detrás del inalcanzable Michael Jordan. Orgullo. Emoción. Juro que sentí un escalofrío por mi columna cuando escuché estas palabras. A efectos de moral cuentan tanto o más como cualquiera de los títulos conseguidos.

A menudo se nos mete a los millenials en un mismo saco cuando somos gente que abarcamos un espectro de edades desde los 19 hasta los 34. Yo voy a cumplir 33 y ni por asomos los de 19 se imaginan la cantidad de mierda que hemos tenido que tragar a nivel deportivo los de mi generación real. Décadas donde éramos absolutamente el hazmerreír en todos los niveles y en casi todos los deportes. Ya no es que los Jordan, Magic o Bird no dijeran nada especial de nosotros, es que ni siquiera reparaban en nuestra existencia. Esa plata en Los Ángeles en 1984, que para nosotros fue un hito prácticamente imposible hasta de soñar, para ellos no fue nada, no fuimos nadie. Sin embargo, todo cambió a partir de 2006 y 2008. España no solo llegó, sino que compitió, plantó cara e hizo pasar miedo a la mejor selección del mundo, y esto volvió a suceder en 2012 y una vez más en 2016.

Somos España y somos la polla. Y no lo digo como chovinismo chabacano de tertulia deportiva. No. Somos la mejor cantera de baloncesto mundial de los últimos veinte años sin contar a los inalcanzables. Y somos la mejor cantera del baloncesto europeo desde la ruptura de la antigua Yugoslavia. Y van muchos años ya. Décadas. Esto no es casualidad. Responde a un trabajo metódico, constante y pasional de miles de entrenadores a lo largo y ancho de nuestro territorio, que trabajan sin cesar por formar buenos jugadores. Y cuando se trabaja mucho y se trabaja bien las posibilidades de sacar grandes talentos aumentan considerablemente.

La pena, y es que algún fallo tendríamos que cometer, es lo difícil que seguimos poniendo ese escalón para llegar a la cima en nuestro propio país. Una Liga Endesa plagada de equipos que apuestan por el talento consagrado, que suele venir de otros países, y a los que les cuesta dar salida a decenas de jugadores que en categorías inferiores han dominado el panorama. Es una batalla que a nivel de banquillos se ha librado y ganado, puesto que la inmensa mayoría de equipos ya apuesta por entrenadores nacionales, que los hay muy buenos. Los hay tremendos. Tenemos tantos buenos entrenadores que ya son muchísimos los que tienen que buscar acomodo en otros países.

Y sé que ahora vendrán los listos de turno a criticar una supuesta exaltación del patriotismo, acusándome casi de racismo y xenofobia. Mira, no. El baloncesto español está en el olimpo. Y esto lo saben en todo el mundo. En todo el mundo menos aquí, donde somos siempre muy dados a odiarnos a nosotros mismos. Gracias por tanto, LeBron.

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