09 de agosto de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

La verdad de Zaldibar: había informes y grietas que presagiaban la tragedia

El lehendakari, Íñigo Urkullu

El lehendakari, Íñigo Urkullu

Dos trabajadores siguen bajo los escombros tóxicos y los vecinos de las poblaciones cercanas al vertedero cada vez están más preocupados pero nadie asume responsabilidades.

Han pasado ya dos semanas desde que el vertedero de Zaldibar en Vizcaya se viniese abajo, dejando sepultados a dos trabajadores, aún sin encontrar y llenando el aire de la zona de sustancias nocivas para la salud. Continúan las restricciones para ventilar las casas, tomar alimentos de las huertas y agua de manantiales y pozos después de que este viernes los trabajadores tuvieran que emplearse a fondo para apagar otro nuevo foco de fuego, pero aún así nadie aún ha asumido las responsabilidades oportunas.

El lehendakari Íñigo Urkullu, que gobierna en coalición con los socialistas vascos, acusa a la empresa concesionaria de la gestión del recinto, Verter Recycling, que según las últimas informaciones tenía conocimiento dos días antes de la tragedia de las grietas existentes en la escombrera. 

Sin embargo, el jefe del Ejecutivo vasco no ha hecho mención a la falta de controles que le corresponden y que debería haber realizado de forma diligente para evitar que un desastre como esta llegase a suceder."A la vista de las consecuencias, cabe afirmar que los mecanismos de control no han sido los suficientes", es todo lo lejos que ha querido llegar el presidente vasco.

Ahora, quince días después de una catástrofe que podría haberse evitado si se hubieran realizado las inspecciones oportunas, el departamento de Medio Ambiente ha decidido abrir un nuevo expediente, además de remitirlo a la Fiscalía por "si alguno de los hechos recogidos en el mismo pudieran ser constitutivos de delito".  

Oscurantismo en la gestión de la crisis

Además, y por si no fuera suficiente, a todo esto hay que añadirle un tremendo oscurantismo en la gestión de la crisis, negándose a recibir ayudas de la UME para intentar encontrar a los trabajadores enterrados bajo una montaña de residuos tóxicos, y una falta de atención por parte de gran parte de la opinión pública que de haber sido en otro lugar, y con un Gobierno con otras siglas, ocuparía los telediarios durante horas.

Y es que, la actitud del Gobierno en esta crisis medioambiental es tan nefasta como la del propio Urkullu. Si hace unas semanas Sánchez cogía un helicóptero para visitar las zonas afectadas por los temporales en Baleares, en esta ocasión, ni él, ni la ministra del ramo, Teresa Ribera, ha mostrado la más mínima intención de acudir a la zona, para evitar poner el foco mediático en un desastre que toca de lleno a los socialistas y a sus socios del PNV.

Los habitantes de los pueblos cercanos tienen miedo

Mientras tanto, mientras el Congreso de los Diputados se encarga de otros asuntos con más calado, los habitantes de la zona tienen miedo. Miedo a salir a la calle y respirar aire contaminado, por lo que en muchos casos se han restringido las actividades al aire libre, suprimiendo los recreos en los colegios y hasta suspendiendo los desfiles de carnaval, y todo ello, mientras desde el Gobierno vasco se intenta llamar a la calma de una manera no muy tranquilizadora.

 Solo es necesario recordar las palabras del director vasco de Salud Pública, Juanjo Aurrekoetxea, cuando este martes comparaba las sustancias contaminantes y perjudiciales que hay en el aire con el envenenamiento del expresidente de Ucrania, Victor Yushchenko hace 20 años:

"Conocerán el caso del envenenamiento del presidente de Ucrania hará unos 20 años. Intentaron asesinarle, pero no pudieron y le provocaron acné clorado. Es decir, le destrozaron la cara, pero intentando asesinarle. La dosis que le dieron fue brutal. No hablamos de esos niveles".

Es cierto, quizá no esté en esos niveles, pero la población está muy preocupada por las consecuencias que tendrá la exposición a estas sustancias en su salud a largo plazo, pues ya son muchos los que lo notan a diario: picor de garganta, lagrimeo en los ojos e incluso dolores de cabeza, son solo algunos de los síntomas que presentan los ciudadanos, sin olvidar la sorpresa que escondía la montaña de residuos, nada menos que unas 16.000 toneladas de amianto que fueron liberadas tras el derrumbe.

El Gobierno vasco conocía las irregularidades

Pero todo ello ya se conocía, el vertedero era tremendamente peligroso y no cumplía con los estándares establecidos para el control de sustancias peligrosas, algo que el Gobierno sabía desde el verano de 2019 cuando existían informes que reflejaban "presuntas infacciones detectadas", pero nunca se hizo nada hasta que se desencadenó una tragedia que ha llevado al Gobierno vasco a tener que pedir ayuda al resto de las comunidades autónomas para acoger sus residuos ante la falta de capacidad de la red de vertederos vascos.

Es en definitiva, una desgracia que aún continua y que se intenta minimizar y esconder por los máximos dirigentes vascos, que ocupa muy pocos minutos en las televisiones, en las radios y sobre la que el Gobierno apenas se ha pronunciado. Por ello, quizá haya que preguntarse. ¿Y si hubiera ocurrido en Madrid o en la Galicia del Prestige?

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