28 de octubre de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Insólito: Sánchez quiere reformar el Código Penal para contentar a Junqueras

El presidente socialista ha pasado de querer endurecer el delito de rebelión a rebajar el de sedición, para pagar la factura de su investidura. Es inadmisible.

 

 

Hace escasas semanas, el entonces presidente en funciones y hoy de pleno derecho, Pedro Sánchez, abogaba públicamente por reformar el Código Penal para endurecer y aclarar el delito de rebelión, al objeto de que su falta de definición suficiente permitiera esquivar esa acusación a los nueve políticos catalanes finalmente condenados por sedición y malversación.

También se comprometía a poner a Puigdemont ante la Justicia española y, entre otros asertos jurídico-políticos, se vanagloriaba de tener bajo su supervisión a la Fiscalía General del Estado. De todo ello, solo ha cumplido lo último, designando para el cargo, con evidente impudor, a Dolores Delgado, ministra de Justicia y diputada socialista hasta hace unos días.

Ahora, para empezar a pagar los plazos de su investidura, ha anunciado sin rubor que impulsará una reforma del Código Penal justo en el sentido contrario: esto es, para rebajar el reproche judicial a asonadas anticonstitucionales como las protagonizadas, entre otros, por los líderes de ERC y Junts.

Todo el mundo puede cambiar de opinión, desde luego, pero hacerlo en tan poco tiempo y de una manera tan radical no obedece a una serena reflexión ajena a las presiones y fruto de la sinceridad política; sino a las urgencias para cumplir con las exigencias de quienes le hicieron presidente.

La coherencia, el recuerdo de los anuncios preelectorales y el respeto hacia el ciudadano han de ser obligaciones básicas

Dicho de otra manera, Sánchez abona la factura personal con el independentismo menospreciando la separación de poderes, rompiendo las costuras de la Justicia y, ahora, adaptando las normas esenciales del Estado de Derecho a las reclamaciones de unos delincuentes con condenas firmes del Tribunal Supremo.

Claro que no extrañar en alguien que, tras reconocer que un Gobierno con Podemos no le dejaría dormir y que jamás le debería La Moncloa al separatismo; ha hecho ambas cosas y le ha añadido pactos con Bildu para garantizarse su cargo o acceder al Gobierno de Navarra.

Muy inquietante

Un político puede ser muchas cosas distintas, pero la coherencia, el recuerdo de los anuncios preelectorales y el respeto hacia el ciudadano han de ser obligaciones básicas para todos ellos, con independencia de su color político y de su coyuntura personal.

Y si para lograr un objetivo hay que desdibujarse tanto y zaherir los pilares más elementales de la propia democracia, quizá hay que saber renunciar o buscar otra alternativa que, en el caso de Sánchez, jamás exploró. El resultado no puede ser más inquietante: España tiene un presidente rehén del separatismo que, para que no se enfade, está dispuesto a tocar lo que haga falta.

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