22 de agosto de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Susana Díaz es la inevitable heredera del infecto legado de los EREs

 

 

La recta final del juicio por el caso de los EREs en Andalucía discurrirá en paralelo a la precampaña y la campaña electoral en Andalucía. Una coincidencia que, junto a la ratificación de las penas de prisión e inhabilitación para los expresidentes de la Junta de Andalucía, Manuel Chaves y José Antonio Griñán, pesarán como losas en la que es su heredera natural, Susana Díaz. Y no solo en cuestión de imagen y proyección pública. A la actual presidenta también cabe asignarle una responsabilidad política en este monumental escándalo, emblema de toda una época.

Más de 850 millones de euros bajo sospecha y una inquietante hipótesis resumen el caso de los EREs: la Junta de Andalucía organizó una compleja estructura para perpetuarse en el poder creando desde las instituciones una red de tintes sistémicos. Algo insólito.

 

Porque a diferencia de las tramas catalanas del 3% o de caso Gürtel, tan deleznables, en el caso de los EREs los desvíos de fondos masivos eran públicos y el montaje no se efectuó desde altos cargos sirviéndose de su condición o del partido al que representaban, sino desde el propio Gobierno y las instituciones andaluzas.

O a eso, al menos, apuntan todos los indicios, apuntalando una organización que afecta a una veintena de altos cargos y mancha al conjunto de la Junta de Andalucía. Y encabezándolo todo, los dos predecesores de Susana Díaz en la presidencia andaluza, a la sazón presidentes nacionales del PSOE también en los últimos años.

A Griñán este caso puede llevarle a la cárcel; y a Chaves, endosarle una inhabilitación casi a perpetuidad. Pero el simple juicio ya es un baldón para una forma de gobernar, basada en el peor clientelismo y en la corruptela continuada, sin más fin que la perpetuación del socialismo en el poder, y en toda una época.

Un laberinto de intereses

Y ese escenario, lo quiera o no asumir, ya estaba Susana Díaz, heredera de los hoy procesados y beneficiara, a título político al menos, del régimen de fidelidades institucionalizado por ellos, cuajado de eternas sospechas sobre el caciquismo convertido en norma: desde las famosas peonadas y Mercasevilla al más reciente escándalo de la fundación Faffe, cuyos fondos se destinaban a pagar juergas en prostíbulos; el laberinto de intereses creado por la Junta y alimentados con dinero público para ganarse el fervoroso respaldo del tejido andaluz ha sido crónico.

La recta final del juicio del mayor caso de corrupción de nuestra democracia no solo manchará la campaña electoral de la candidata del PSOE: el negro legado de Chaves y Griñán le pertenece en exclusiva

Con todo, este oscuro panorama para una región tan rica y con tanto potencial como Andalucía, cuenta con esperanzadoras perspectivas por delante. De un lado, las judiciales, con un castigo ejemplar para los que hayan prevaricado y malversado de manera tan impune y colosal; y de otro, las políticas, con unas elecciones que pueden hacer realidad una regeneración efectiva tras casi cuatro décadas de atraso y monopolio infecto.

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