09 de diciembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Jiménez Losantos, multado con 17.000 € "por hacer periodismo"

Los trinos del día, a veces melódicos y a veces rebuznos, abarcan todas las modalidades: unos irritan, otros indignan y otros divierten. Juntos, resumen la actualidad de una forma peculiar.

 

 

La condena administrativa al periodista Federico Jiménez Losantos por "incitar al odio" tras bromear ácidamente contra la justicia alemana por su complicidad con el prófugo Puigdemont, es seguramente la polémica del día, con permiso de Pedrito Sánchez y su improvisada reforma constitucional... que da para una tesis.

Que sancionen a un informador sin que lo diga un juez ya es llamativo; y que no salen como resortes los mismos que con Valtonyc, Willy Toledo o Pablo Hásel aseguraban que la libertad de expresión en España está amenazadísima -o lo estaba, que ya no gobierna Rajoy-, da qué pensar: ¿acaso no persiguen a Losantos "por hacer periodismo" como decían de los salvajes raperos cuando les condenaban por reclamar tiros en la nunca para guardias civiles?

 

 

En España no está mal incitar al odio si se incita el odio correcto, como no está mal copiar una tesis si el que plagia es el bueno: todo el estupendismo con respecto a libertades, mordazas y demás grandilocuentes términos se diluye como azucarillo cuando mandan los que tienen que mandar o meten la pata los malos. Vean si no el  mensajito precedente, que lo resume todo y que bien podría haber sido firmado por Alberto Garzón, Pablo Echenique o el bueno de Gabriel Rufián:

Al parecer la ironía, el humor y el sarcasmo no se entienden y, si se entienden, no se aceptan si procede de una trinchera ideológica que el establishment progresista, tan neopuritano él, considera repudiable. Aunque sus bromas sean siempre muy graciosas y, por supuesto, sus excesos sean siempre artísticos. Otro ejemplo, la verdad muy trabajado:

 

 

Claro que la mejor respuesta viene del propio Losantos, que ajenoa  a estas mandangas no ha dudado en seguir a los suyo, que es lo de Pedro Sánchez, con otra de sus ingeniosas diatribas que, si bien a veces bordean todas las líneas rojas, jamás las supera: comparar la ironía del locutor, ciertamente brusca a veces, con la incitación a la violencia directa de Valtonyc o Hasel es, simplemente, un disparate:

 

 

Ahí queda, pues.

 

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