01 de octubre de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

No es solo una derrota de Sánchez: es la imagen de su dependencia de lo peor

Sánchez, el miércoles en el Congreso

Sánchez, el miércoles en el Congreso

El presidente con menos apoyos de la democracia le debe el puesto a un ramillete de partidos que solo le mantienen en el cargo a cambio de prebendas inasumibles. Y se lo han recordado.

 

 

La derrota de Pedro Sánchez en su intentona de legalizar  para confiscar el supuesto superávit de los Ayuntamiento es importante por varias cosas. La principal: se visualiza cuál es su fuerza real, que es inferior a la que simula cada día: aunque ejerce como si tuviera mayoría absoluta, es el presidente con menos diputados propios de la historia democrática española.

Y de eso se deriva una evidencia incontestable: para gobernar necesita apoyos, y los que él ha elegido voluntariamente, pese a tener más opciones, le convierten en un presidente intervenido y dependiente de partidos que solo le sostienen en el cargo por interés propio, incompatible con el general y dañino para el país. 

Porque en el peor momento para España, con una crisis sanitaria, otra económica y una más territorial, Sánchez ha aceptado la tutela de Podemos, de ERC y de Bildu, que la asumen con gusto por la certeza de que así tienen más sencillo lograr sus objetivos.

 

 

La tutela aceptada por el presidente no es solo un acto ignominioso de un dirigente que sufre más por un etarra muerto que por 22.000 víctimas del coronavirus no reconocidas siquiera, o que ha acercado a España más a Caracas que a Bruselas. Fue, es y será además un reconocimiento expreso de que si a Sánchez le das a elegir entre el futuro de España y el suyo propio, él siempre antepondrá lo segundo. 

Tiene alternativas

Si con este asunto de los Ayuntamientos le han humillado en público así, ¿qué no estarán dispuestos a hacer con los temas que les importan de verdad, incluidos los Presupuestos de todo el país? El aviso de los partidos que decantaron su investidura es un recordatorio de que, sin ellos, Sánchez simplemente desaparece. Y de cuál es el precio que tendrá que pagar para evitarlo, dan cuenta la agenda territorial o económica de sus aliados.

Qué Sánchez tenga tendidas las manos del PP y Cs para llegar a pactos de Estado imprescindibles y las desprecie hace más grave su elección. Porque teniendo una alternativa razonable, en todo momento pero especialmente en uno de catástrofe nacional, mantiene una hoja de ruta con socios que convierten la degradación de España en un requisito fundamental para imponer sus metas.

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