21 de septiembre de 2019 | DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Los cinco momentos clave que han marcado a fuego la vida de doña Sofía

Reina Sofía, entre rosas y espinas

Reina Sofía, entre rosas y espinas

La Reina Emérita siempre ha estado al pie del cañón. Jamás ha dejado que sus sentimientos interfirieran con su lealtad a la Corona. El suyo ha sido un camino lleno de rosas y espinas.

Doña Sofía ha sido de largo una gran Reina. Siempre en su lugar, con la sonrisa puesta y la palabra justa en la boca. Y eso que en su camino se ha topado con tantas rosas como espinas. A pesar de todo, la Corona ha sido lo primero para ella. Repasamos los momentos que han marcado su vida.

 

Ya habían nacido sus tres hijos cuando doña Sofía tuvo constancia de que don Juan Carlos no era el abnegado y devoto esposo que creía. Lo descubrió un fin de semana en el que se le ocurrió darle una sorpresa. Preparó a Elena, Cristina y Felipe y les dijo que iban a darle una sorpresa a papá. Los cuatro montaron en un coche con rumbo hacia una finca donde el soberano había asegurado iba a disfrutar de una cacería solo para hombres. Cuando llegó, abrió la puerta y subió las escaleras. Fue entonces cuando escuchó como la risa de su marido sonaba al unísono con la de una mujer. Descompuesta, volvió al vehículo  y regresó a Zarzuela.

 

El amor por lo esotérico hizo que doña Sofía conociera a una persona que le causó una gran impresión, el periodista Juan José Benítez. En un viaje realizado a Perú, el escritor se sintió tan cautivado por la soberana que le escribió unos versos. Uno de los allí presentes, años más tarde, recordaría así la cuestión: “Yo creo que Juan José se enamoró un poco de ella (doña Sofía), hasta le compuso un soneto que nos leyó por la noche en el hotel. Muy bonito. La Reina y el después popular escritor de ciencia ficción visitaron juntos las ruinas de Nazca y mantenían largas charlas en las que él la instruía sobre la huella de los incas en las civilizaciones posteriores”. Hay quien asegura que la atracción fue mutua pero que el peso de la Corona llevó a la soberana a echar el freno.

 

Criada en la máxima de que el matrimonio es para siempre, la reina Sofía pasó un calvario cuando la infanta Elena le confesó que no aguantaba más, que era insoportable vivir con Jaime de Marichalar y que quería soltar amarras. Para ella, que a sus espaldas llevaba ya varias décadas de infeliz relación marital, lo de su hija tenía arreglo. Intentó convencerla pero fue en vano. La infanta se había criado en otra época y no estaba dispuesta a pasar por donde pasó su madre. Y así llegó el cese temporal de la convivencia más famoso de todos los tiempos.

 

 

Uno de los grandes golpes que ha sufrido la soberana está relacionado con su hija Cristina. Aunque cuando estalló el caso Noos creyó la versión de la infanta y de su marido, el tiempo le ha hecho abrir los ojos y comprobar con horror que no solo Iñaki Urdangarín tuvo un comportamiento poco ejemplar, su hija también. Su máxima preocupación en estos momentos es apoyar a la infanta, que está tocada y hundida psicológicamente porque sabe que su esposo no se librará de la cárcel. También le quita el sueño la forma en que todo esto puede afectar a sus nietos.

 

La muerte de la reina Federica supuso un durísimo revés para doña Sofía. Estaba muy unida a ella y siempre la buscaba cuando las cosas iban mal dadas. Rígida pero muy cariñosa, Federica de Grecia aconsejó a su hija en diferentes momentos en que estuvo a punto de tirarlo todo por la borda. La muerte de su madre pilló a la Reina Emérita en Baqueira Beret. Don Juan Carlos se encargó de avisarla pero no le dijo lo que había pasado, solo que su estado recomendaba el regreso a Madrid. Volvió sola a Zarzuela puesto que su marido no quiso interrumpir sus planes. Al llegar a palacio, se derrumbó. Empezó a llorar y así estuvo durante horas y horas. Junto con la de su padre, es la pérdida que más le ha marcado.

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