30 de noviembre de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Hamilton cierra el séptimo y Sainz acaricia el podio

Hamilton vence en Turquía, ganó su séptimo título mundial igualando a Schumacher y el octavo llegará el año que viene. Sainz, muy inteligente, acabó quinto después de salir 15º.

Desde que comenzó la era híbrida, las temporadas se limitan a saber en qué Gran Premio se proclamará campeón del mundo Lewis Hamilton, el elegido. En 2020 ha sido en Turquía, en un resbaladizo Gran Premio tanto por el estado de la pista como por las condiciones meteorológicas. Hamilton fue quien mejor navegó sobre el circuito de Estambul mientras sus rivales por la carrera naufragaban. Checo Pérez y Vettel fueron segundo y tercero, con un gran Carlos Sainz quinto, tras partir decimoquinto y a sólo 2,73 segundos del segundo escalón del podio.

Hamilton ya tiene siete títulos mundiales, como Schumacher, y la próxima temporada tendrá ocho. Desgraciadamente Liberty Media, actual propietaria de la F1, ha decidido convertir la especialidad en una suerte de concurso en el que sólo cuentan las estadísticas, y para ello necesita que AMG Mercedes siga arrasando y que Hamilton se convierta en el piloto más laureado de la historia.

Para ello le dejan hacer lo que haga falta, incluidos los homenajes sentidos al BLM antes de las carreras mientras el británico ve cómo su fisioterapeuta personal, Angela Cullen, rubia y blanquita, tiene que darle de beber, que ponerle el chaquetón (no dárselo, no: ponérselo) y hacerle arrumacos, para que se note quién es el boss. El de los siete títulos, igual que Schumi, dos más que Fangio, tres más que Prost y que Vettel. Números, porque Hamilton ha ganado estos campeonatos sin oposición.

El mejor ejemplo, en Estambul. Mientras Hamilton logró mantener su Mercedes sobre lo negro y aprovecharse de los errores de todos sus rivales, Bottas hizo una incontable serie de trompos en la curva dos, casi vuelta tras vuelta, y acabó a más de una vuelta de su compañero de equipo. Es listo Toto Wolff: al lado de Hamilton pone a alguien que no le haga sombra. Y si se la hace, caso de Nico Rosberg, la Prensa británica, la que manda en esto, le destroza psicológicamente. 'Briney', como le insultaban los presuntos especialistas de las Islas en esto de los cochecitos rápidos, se hizo de tungsteno, ganó el título y se largó. “Ahí os quedáis con vuestro Hamilton”, le faltó decir.

Desde entonces, Hamilton siempre gana. Bottas no es rival y Mercedes mantiene una ventaja tan apabullante sobre sus rivales que el nombre del campeón va a seguir siendo el mismo la próxima temporada. En Estambul, con pista mojada pero sin lluvia, Stroll salía desde la pole pero pocos podían apostar por su victoria, y así fue: pese a que el hijo del dueño de Racing Point salió como un tiro y lo hizo todo bien hasta mediada la carrera, a partir de ahí se le peló el cable y fue una tortuga: noveno.

El Checo Pérez era rival más correoso por su capacidad de proteger sus gomas, y no falló acabó segundo y de milagro, pero a un mundo de Lewis. Vettel hizo un carrerón para acabar tercero mientras Leclerc, otro carrerón, fue cuarto tras superar a Checo en el último giro, pasarse de frenada y perder las dos posiciones de podio.

Carlos Sainz, que salía decimoquinto, hizo una carrera velocísima e inteligente, llevando a su McLaren a la quinta plaza pisando los talones a sus tres antecesores: menos de tres segundos le separaron de la segunda posición del podio. Y mientras, Verstappen (horrible fin de semana el suyo, trompo tras trompo) y el inefable Bottas con sus pifias pusieron la nota discordante el día en el que Hamilton ganó su octava carrera de la temporada y su séptimo título mundial. No se preocupen: le queda al menos otro más, en 2021.

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