01 de octubre de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

A Rivera le "apesta" formar Gobierno con Rajoy por "culpa" de Cifuentes

Cristina Cifuentes y Albert Rivera, durante un acto en Madrid.

Cristina Cifuentes y Albert Rivera, durante un acto en Madrid.

La presidenta madrileña les ha "comido la merienda" a Ciudadanos en Madrid y ése es el temor que tiene el líder naranja: que si entra en el Ejecutivo central ocurra lo mismo a nivel nacional

Se están hablando  a escondidas. Bueno: eso dicen ellos, algunos de ellos: que se ven en secreto, como los novios antiguos, pero que se ven. Pero no hay que descartar que mientan; que no sea verdad, que ni siquiera se saluden si coinciden en una terraza de verano. Si hay que hacer caso a los que aseguran que sí, que se están viendo, a continuación habrá que ofrecerles por lo menos el beneficio de la duda cuando pronostican que en un mes habrá gobierno y que la fórmula más probable es una coalición entre el PP y Ciudadanos.

Claro está que hace solo seis días, casi los mismos portavoces afirmaban lo contrario ¿Cómo creerles entonces? Esta misma semana, uno de los correveidiles que se proponen para cualquier servicio, decía:  “… pero, no os fieis de los socialistas: son capaces de decir una cosa y lo contrario y decir a continuación que las dos son verdad”. Puesta en pie esa cautela, hay que limitarse por tanto a sugerir que la especie de ahora mismo, la que circula con mayor profusión es que sí, habrá nuevo gobierno y que Ciudadanos entrará en él.

Lo cierto es que los que van de muleteros en los gobiernos de coalición suelen tener poco porvenir

Me limito a recoger la especie, pero no apuesto ni uno solo de mis antiguos maravedíes a que acierte en el pronóstico, por tanto lo más prudente es ejercer de mero cronista, y no de adivino para certificar que ahora mismo, parecen más cercanas las nuevas elecciones, que un nuevo Gobierno. Hace un par de días, o tres, este mismo periódico dibujaba la posibilidad de que se esté explorando una fórmula para que el Rey, harto como está (¡qué decir de la Reina!) de recibir a visitantes que le vuelven literalmente loco, no tenga que llamar al rebato de otra investidura fallida y convoque, con el poder arbitral y moderador que le, otorga la Constitución, las terceras elecciones antes, mucho antes de que se cumpla un año de las primeras.

Debe tenerse en cuenta a este respecto que en octubre, a más tardar en la primera quincena de noviembre, tienen que abrirse las urnas en el País Vasco y Galicia, y en una de estas regiones, el País Vasco, no existe ahora mismo la menor intención de que ambos acontecimientos electorales, regionales y estatales, coincidan en la misma fecha. Siendo así, que lo es, el panorama se complica aún más, por tanto hay que regresar al primer escenario, al que se levanta con un gabinete bicolor al que por fin Ciudadanos se avenga a ingresar como partícipe de una gestión común.

En el partido de Rivera esta posibilidad apesta; lo sé, sobre todo después de constatar cómo Cristina Cifuentes en Madrid le está comiendo la merienda todos los días a su presunto coligado Ignacio Jesús Aguado, un político de los que creen que cuando habla se para el mundo. Y es verdad; se para, pero para no escucharle ni un segundo más porque es un pelma de vitrina. Es decir, que la presencia activa de C´s en ese Ejecutivo, según se temen Rivera y Villegas, no les proporcione nada más allá que coche oficial y eso en una época en que estos trastos, que van para antiguos, se han reducido a la mitad. Hace años cuando Clegg, el liberal británico que se alió con Cameron, se pasó unas vacaciones por Madrid, tras sentarse en la misma mesa con Cameron, avanzó con cierta preocupación: “…y eso que de esta sólo vamos a salir perjudicados nosotros”.

Ignacio Jesús Aguado es un político de los que creen que cuando habla se para el mundo. Y es verdad; se para, pero para no escucharle ni un segundo más porque es un pelma de vitrina

Y ya se ve dónde está Clegg, como Camerón pero un par de años antes: fuera del proscenio político. Lo cierto es que los que van de muleteros en los gobiernos de coalición suelen tener poco porvenir, y de eso si sabe Girauta, que lleva en su mochila de militancias no menos de cuatro partidos encima. En estas se halla Rivera, que empezó en esto de la política creyendo que todo eran certezas (certeza era y es que quien se opone al secesionismo catalán al final triunfa, triunfará, ya lo verán, porque de aquí a dos años no queda de los separatistas ni la tripa del pícnico Junqueras ) y se ha encontrado en Madrid con que la vida marcha en sentido contrario, quizá porque en su momento no hizo caso a quien le aconsejó: “Albert, a Madrid hay que viajar f…..”. O sea, curado de espanto, “placeao” como los novilleros antiguos.

En vista de lo cual. “ojito”, que dicen los narradores deportivos actuales y que decía con más intención García: “¡Ojo al parche”. Aquí queda mucha tierra por arar y en el menester se van a quedar muchos tarugos, algunos muy concretos como ese Pedro Sánchez al que tres cuartas partes del país está viendo como un segundo Zapatero pero en más chulo y eso sí: igual de nefasto y bodoque. José Luis Balbás que le conoce bien y que incluso le promocionó (Balbás es capaz de promocionar una  carrera de mulas en el Hipódromo de La Zarzuela), suele decir: “Este hombre no es que sea tonto, que no lo es, es que se ha creído el más listo de la clase y eso ni lo ha sido, ni lo será nunca”. Dicho queda.

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