Había una vez un circo...

Que se ubica en Alfafar, provincia de Valencia. Este circo utiliza animales, pese a que desde el 31 de enero de 2019 la ley de protección de animales autonómica lo prohíbe

Que se ubica en el término municipal de Alfafar, provincia de Valencia.

Este circo utiliza animales, pese a que desde el 31 de enero de 2019 la ley de protección de animales autonómica lo prohíbe.

Este hecho ha sido denunciado desde entonces y sin embargo, de nuevo este año ha desplegado en el municipio valenciano sus instalaciones en las que no han faltado de nuevo burros, camellos y otros animales.

Evidentemente, los animales están a la vista de quien por allí se acerque. Es más, son utilizados como reclamo en la web del circo en que se compran las entradas:

“Las herederas al trono Elsa y Anna se disponen a asumir el Trono de Arendelle para celebrar la Coronación de las Princesas se presentan dos espectaculares actos de animales la Caballería Real de Noruega con 10 caballos en escena y animales del Bosque de los Trols con Camellos Rusos, Bueyes, Llamas, Burritos enanos y Aves del Mundo… pero un hechizo lo cambiará todo.”

¿Cómo es posible entonces que las autoridades hayan permitido la instalación y funcionamiento de este circo, con actuaciones desde el 28 de noviembre? ¿Cómo es posible que sólo el 31 de diciembre (más de un mes después de su puesta en funcionamiento) el ayuntamiento, debido a las presiones de colectivos animalistas, ordenase precintar el circo (que por cierto, ha seguido con actuaciones)?

Evidentemente este caso es una muestra clarísima de la indiferencia de la Generalitat Valenciana y el ayuntamiento de Alfafar ante el incumplimiento de la legislación que debe proteger a los animales.

Desgraciadamente, este no es un caso aislado y quienes tratamos de defender a los animales, promoviendo cambios legales que les protejan y exigiendo que se cumpla la escasa y ridícula legislación existente, a diario debemos enfrentarnos a la prepotencia de las administraciones que permiten, con una absoluta dejación de funciones, que se vulneren las leyes que ellas mismas aprueban, por no hablar de la vergonzosa chulería en algunas de las respuestas que recibimos (eso, cuando se dignan a responder, o lo hacen tras un período más que extenso, que ocasiones se prolonga durante años, de reclamación de nuestro derecho a la información).

Imagino que juegan al desgaste.

Aunque es posible que todavía no se hayan percatado (en ocasiones el despotismo impide reflexionar) que  cada vez somos más las personas que no estamos dispuestas a ceder ni un ápice a la hora de exigir nuestros derechos, ni de reclamar la protección que merecen los animales. Y que nos mueve algo que va más allá de nuestros intereses personales, un bien superior, ser la voz de quienes no tienen. Y esto nos involucra en una lucha incansable que nos convierte en un movimiento imparable.

Volviendo al circo, los que obligan a los animales a participar en sus funciones son algo ya desfasado, que no encaja en la sociedad actual, porque la mayoría de la ciudadanía entiende que es inaceptable imponer una vida, maltratar y encerrar a los animales en pocos metros, sin que vean cubiertas sus necesidades básicas para ser utilizados en grotescos e innecesarios espectáculos.

De hecho, los mejores y más respetados espectáculos circenses en todo el mundo, han provenido de compañías que en su origen han rechazado esclavizar animales y han puesto el foco de atención en los verdaderos artistas, como funambulistas, acróbatas, mimos, payasos, ilusionistas, y otros tantos, que actúan sin ser obligados a ello, con magníficas puestas en escena y que nos deleitan con sus extraordinarias habilidades, fruto de unas aptitudes especiales e incontables horas de trabajo.

Esperemos que este famoso “Había una vez un circo…” sea la forma que tengamos para referirnos, de una vez por todas, a los circos que utilizan animales en la Comunidad Valenciana y no se permita que se vuelva a vulnerar la ley que los prohíbe.

 

*Coordinadora provincial de PACMA en Valencia

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